Hoja 1 · Objetivos
Hoja 2 · Explicación
Sin un dato, el programa de la lección anterior se queda en una intención. «Estoy flojo» o «hoy fui bien» no dice si cambió la resistencia, la fuerza o la coordinación. Esta lección enseña a sacar tres informaciones con herramientas de aula. No hace falta un laboratorio, un pulsómetro ni una tabla de marcas ajenas.
Una medición escolar vale si se puede repetir en las mismas condiciones. Si hoy cuentas deprisa y la semana que viene despacio, el número cambia por el método, no por tu cuerpo. Por eso cada prueba fija de antemano el terreno, el tiempo o el gesto, y se anota también lo que no salió limpio.
Antes de moverte escribes tres cosas: qué capacidad miras, qué herramienta usas (reloj, conteo o habla) y qué te hará parar. Parar no estropea el dato: un dato con dolor no se usa para «superarte». Se anota como prueba interrumpida.
Compara solo dos filas tuyas: la de hoy y la de otro día con la misma regla. El compañero puede tener otra estatura, otro entrenamiento o simplemente otra forma de contar. Su número no es tu objetivo.
La resistencia, aquí, es cuánto sostienes una tarea continua sin que se deshaga. La herramienta es el tiempo. Eliges un recorrido conocido y seguro —una vuelta al patio, un tramo que ya usáis en clase, un camino habitual— o un intervalo que marque el profesorado, y lo repites igual.
Puedes medirlo de dos maneras, pero no las mezcles entre un día y otro. O bien cuánto tardas en completar ese recorrido a un ritmo en el que todavía hablas. O bien, en un tiempo fijo, cuántas vueltas completas haces sin dejar de poder hablar. Lo que anotas es el tiempo o las vueltas, y al lado la intensidad real. Un tiempo más bajo solo significa mejora si el esfuerzo no se disparó: ir más rápido dejando de poder hablar es cambiar la intensidad, no demostrar más resistencia a la misma intensidad.
La fuerza que medimos en el instituto, sin maquinaria, es la capacidad de repetir un gesto sencillo contra el peso del cuerpo, o con una resistencia muy ligera que ya esté en la clase. La herramienta es el número de repeticiones hechas con el mismo ritmo y la misma amplitud.
Ejemplos de aula, no un ranking: sentarse y levantarse de una silla estable sin dejarse caer, o un apoyo de brazos que el profesorado ya haya enseñado. El conteo se corta cuando el gesto se acorta, la posición se deshace o aparece dolor. Esa última repetición mala no entra en el total. Así el número significa «repeticiones válidas», no «hasta reventar».
No es una prueba de una repetición máxima ni de cargar discos. Esas pruebas necesitan técnica, ayuda y un criterio que esta lección no da. Si el profesorado no ha montado la tarea, no la improvises en casa con muebles inestables.
La coordinación, en esta medición, es ajustar el gesto a un ritmo o a un blanco sencillo. También usa tiempo y conteo: durante un intervalo fijo, cuántos aciertos y cuántos fallos. Un acierto tiene que estar definido antes de empezar. Por ejemplo, botar un balón alternando manos dentro de una zona marcada, o repetir una secuencia corta de apoyos que ya conoces, contando solo los ciclos completos.
Si el intervalo cambia de un día a otro, la comparación no sirve. Si hoy el balón es otro o el suelo está mojado, anótalo: la condición forma parte del dato. Más aciertos con la misma regla sugieren más control. Más aciertos porque te saliste del tiempo pactado no cuentan igual.
Tiempo y repeticiones dicen cantidad. El habla dice si esa cantidad ocurrió a la intensidad que crees. En una prueba de resistencia moderada deberías poder hablar con frases, no cantar una canción entera ni quedarte en monosílabos. Si el día de la segunda medición vas más rápido pero ya no puedes conversar, no archives el resultado como «mejor resistencia»: es «más intensidad».
Haz la prueba de verdad: di en voz alta una frase de varias palabras, no un «sí» entre dientes. Si estás solo, cuenta del uno al diez sin que se corte el aire a la mitad. No hace falta gritar ni medir pulsaciones.
Una fila útil cabe en una línea: fecha, capacidad, tarea, regla (recorrido o tiempo fijo), resultado (tiempo, repeticiones válidas o aciertos y fallos), habla (suave, moderada, vigorosa) y una nota de condición (suelo, prueba cortada por dolor, una noche muy mala). Dos filas con la misma tarea y la misma regla ya permiten una frase: mantengo, subo con la misma intensidad, o el número cambia porque cambié el esfuerzo.
Esa frase reorienta el programa. Si la resistencia a intensidad moderada se sostiene, quizá mantengas el volumen. Si las repeticiones válidas caen porque el gesto se rompe enseguida, no añadas series por tu cuenta: revisa la tarea con el profesorado. Si la coordinación mejora, no hace falta complicar el reto el mismo día de la medición.
No es un reconocimiento médico ni una prueba de aptitud para un equipo. No produce una nota ni un porcentaje de «forma». No uses baremos que esta lección no trae: si alguien ofrece una tabla de «lo normal a tu edad» sin fuente, no la copies aquí. La OMS orienta la cantidad de actividad (unos 60 minutos diarios moderados-vigorosos hasta los 17 años; en adultos, 150–300 minutos semanales moderados o 75–150 vigorosos, y fuerza al menos 2 días). No dice cuántas repeticiones «deberías» sacar en una silla.
Si una medición duele, se para y no se repite ese día por tu cuenta. Si el mareo, el dolor en el pecho o una molestia no ceden, eso ya no es un dato de clase: se avisa y, si es una emergencia, se llama al 112.
Hoja 3 · Ejemplos resueltos
Aya elige la vuelta exterior del instituto, siempre en el mismo sentido, a un ritmo en el que quiere poder hablar.
Resultado. El registro válido exige la misma vuelta y la misma zona de habla. El día B queda como cambio de intensidad.
Leo, con una silla estable y la tarea ya vista en clase, cuenta cuántas veces se sienta y se levanta sin dejarse caer.
Resultado. El número son repeticiones válidas, no un máximo. El dolor anula la idea de batir una marca.
Hoja 4 · Práctica segura
Seguridad: tarea ya practicada en clase, suelo estable, sin lastres improvisados ni una repetición máxima. Dolor: parar y no repetir la prueba ese día. Mareo o dolor en el pecho: parar y, si es una emergencia, 112.
Comprueba · 4 preguntas
1. ¿Qué herramientas usa esta lección para autoevaluar?
Porqué. El aula mide con reloj, conteo y habla. La B no es la herramienta de esta lección. La C compara con otra persona. La D no deja un dato repetible.
2. Aya baja el tiempo de la vuelta pero ya no puede hablar. ¿Qué conclusión encaja?
Porqué. Sin la misma zona de habla, el cronómetro mezcla resistencia e intensidad. La A ignora el habla. La C sube el esfuerzo. La D abandona la comparación interna.
3. En una prueba de fuerza por repeticiones, ¿qué número se anota?
Porqué. Cuenta el gesto acordado. La A infla el número. La B es una prueba máxima, fuera de esta lección. La D usa una meta ajena.
4. ¿Para qué sirve el registro de dos días?
Porqué. El registro alimenta el programa. No pone notas ni reemplaza a un profesional. La OMS no da aquí un número de repeticiones: orienta sobre minutos de actividad, no sobre esta prueba.
Resistencia con el tiempo, fuerza con repeticiones válidas, coordinación con aciertos en un intervalo fijo. La prueba del habla dice si la intensidad era la que creías. Dos mediciones tuyas, con la misma regla, valen más que el mejor número de la clase. Si duele, el dato se corta.
Describe una prueba que puedas repetir dentro de unos días. Di qué capacidad miras, la regla (recorrido, tiempo fijo o gesto válido), qué anotarás, cómo usarás la prueba del habla y qué harás si aparece dolor. No pongas la marca de otra persona.
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