Lección 18 · Economía, Emprendimiento y Actividad Empresarial · 1º Bachillerato

Escribe aquí el mini-proyecto, entero y corto

Castilla y León · Decreto 40/2022 · idea, cliente, costes, ingresos, riesgo, forma y una decisión ética

Qué vas a aprender

Esta última lección no abre otro tema suelto. Junta los anteriores en un texto que escribes en la propia página: un mini-proyecto situado en Castilla y León. No es un plan de empresa de cincuenta páginas ni un anuncio. Es una ficha en la que caben, sin esconderse, la idea, el cliente, un coste, un ingreso, un riesgo, la forma jurídica y una decisión ética o ambiental. Vas a leer primero un ejemplo breve completo, inventado, y después la guía de lo que el tuyo tiene que contener. El texto se queda en el editor de esta lección. No se enlaza a otro módulo ni se manda a ninguna parte.

Qué pide cada pieza, y qué no vale

La idea es una actividad que se puede repetir, no un eslogan. Se dice qué se hace, con qué recursos y en qué lugar de la comunidad, sin usar el nombre de un negocio que ya exista. Si la frase cabe en una camiseta y no dice la tarea, todavía no es la idea.

El cliente es un grupo concreto, con una situación, no «todo el mundo». Tiene que poder coincidir con el modo en que recibirá lo que ofreces. Si vive en otra provincia y tú solo atiendes un portal, no es tu cliente: es un deseo. Deja fuera a alguien a propósito y dilo.

El coste es al menos un fijo o un variable nombrado con honradez, aunque sea el tiempo. Si pones un número, márcalo como supuesto de ejemplo de clase, no como tarifa real ni como estadística. El ingreso dice por qué unidad entraría el dinero: la reparación, la caja, la hora. No hace falta el umbral completo, pero sí una frase que no confunda ingreso con beneficio. Vender no es ganar.

El riesgo es algo que puede salir mal y que tú no controlas del todo, o una debilidad que lo agrava. No vale «que no tenga éxito», porque eso no informa. Vale «que el portal no tenga encargos en el mes en que ya he pagado el seguro» o «que dependa de una sola persona». Al lado del riesgo va, en una línea, qué harías si aparece: seguir con un cambio, o parar.

La forma jurídica es una de las tres que ya conoces: persona autónoma, sociedad limitada o cooperativa. No se piden trámites, precios de notaría ni artículos. Se dice quién respondería si hay deudas y quién decide. Si eliges la autónoma, aceptas por escrito que respondes con tu patrimonio. Si eliges la limitada, aceptas que hace falta no mezclar los bolsillos. Si eliges la cooperativa, el proyecto tiene que ser de verdad un servicio mutuo entre socios, no una palabra amable para trabajar en solitario.

La decisión ética o ambiental es una renuncia o una regla, no un adjetivo. «Ser sostenibles» no decide nada. Sí decide «no acepto un encargo que deje el aceite usado en el contenedor de la calle» o «no prometo en el cartel una pieza que no tengo». Una sola. Si todo es prioritario, no hay decisión.

Siete piezas del mini-proyecto que se escriben en esta misma página Idea Cliente Coste Ingreso Riesgo Forma Decisión ética o ambiental Ocho a quince líneas, en esta página, situadas en Castilla y León. Sin marcas reales, sin trámites inventados, sin cifras disfrazadas de dato.
Si falta una pieza, el mini-proyecto no está cerrado. Si sobra un discurso, tampoco.

Un ejemplo breve, ya cerrado

Ejemplo de clase

Idea. En un barrio imaginario de Zamora, una persona arregla bicicletas usadas en un bajo que ya tiene la familia, dos tardes por semana. No hay marca real. En clase se llama el bajo de las ruedas. El recurso es el tiempo, un juego de herramientas y las piezas que se compran solo cuando hay encargo.

Cliente. Vecinas y vecinos de ese barrio que usan la bici para ir al instituto o al trabajo y no quieren llevarla a otra ciudad para un pinchazo o un freno. Queda fuera quien necesita una bici nueva de competición: no es el servicio.

Coste. Fijo del ejemplo, supuesto y no factura real: 2000 en el periodo, por el seguro y la parte del bajo. Variable: las piezas de cada reparación, que no se compran por adelantado en grandes cajas. El tiempo de las dos tardes es coste aunque no tenga ticket.

Ingreso. Entra por reparación hecha, no por tener el bajo abierto. Un supuesto de clase: muchas reparaciones pequeñas dejarían un margen por encargo después de la pieza, y harían falta bastantes encargos para cubrir los 2000. El ejemplo no afirma que esos encargos existan. Dice que, sin ellos, abrir las dos tardes no es beneficio.

Riesgo. Que en el mes del seguro no entre suficiente trabajo, porque la bici del barrio se arregla en casa o porque llueve y nadie se mueve. Si a mitad de periodo la ficha de encargos va muy por debajo de lo necesario para el fijo, se para el seguro del siguiente periodo en vez de comprar piezas «por si acaso». Perseverar sería cambiar el horario una vez y volver a anotar. Cabezonear sería renovar el seguro solo porque el bajo ya está pintado.

Forma. Persona autónoma. Decide una sola persona y, si la actividad debe dinero, responde con su patrimonio, no solo con la caja de las reparaciones. No hay socios. Por eso no se disfraza de cooperativa.

Decisión ambiental. El aceite y las cámaras inservibles no se dejan en la calle ni se queman. Se guardan aparte y se llevan al punto de recogida que corresponda, aunque eso cueste una tarde. Si un cliente pide que se tire la cámara al contenedor de la esquina para ir más rápido, se rechaza el atajo. Esa regla no hace el proyecto rentable. Hace que el proyecto no traslade su residuo al barrio.

Cómo redactar el tuyo sin hincharlo

Ocho a quince líneas bastan si cada línea hace uno de los trabajos de arriba. Empieza por el lugar: una ciudad, una comarca o un barrio de Castilla y León, imaginario o descrito sin datos personales. No pongas tu nombre, ni el de un compañero, ni una dirección que identifique una casa. El proyecto puede parecerse a algo que hayas visto y, aun así, los nombres comerciales se inventan.

Escribe en este orden, que es el orden en el que se delata un hueco: idea, cliente, coste, ingreso, riesgo, forma, decisión. Si al llegar al ingreso todavía no sabes la unidad, vuelve al cliente. Si la forma que te gusta no coincide con quién responde, cambia la forma, no el verbo. Si la decisión ética contradice el ingreso fácil, quédate con la contradicción a la vista: o renuncias a ese ingreso o explicas por qué la regla se mantiene. Esconderla en «ya lo veremos» es dejar el mini-proyecto a medias.

No hace falta un DAFO entero ni el lienzo de seis casillas repetido con otras palabras. Si te sirven, úsalos por dentro para no contradecirte, y en el texto deja solo lo que una persona ajena necesita para entender el proyecto en un minuto. Una cifra suelta, si la usas, lleva la etiqueta de supuesto. Una promesa de que «habrá demanda porque el umbral sale» es el error de la lección anterior, y aquí se nota enseguida.

Cuando acabes, lee el texto como si no fuera tuyo y marca con el dedo las siete piezas. Si una no está, no añadas un párrafo de atmósfera: añade la pieza. Si hay más de quince líneas, corta adjetivos, no cortes el riesgo ni la renuncia. El mini-proyecto serio es el que se puede criticar. El que solo se puede aplaudir todavía no ha dicho nada.

La empresa del futuro y el lugar de trabajo

Un programa, en un proyecto pequeño, puede encargarse de lo que se repite y de lo que cuadra. Puede repetir un pedido que ya está definido: el mismo tarro, la misma tienda, el mismo día de la ruta. Puede cuadrar una cuenta: sumar lo que entró, restar la pieza o el vidrio, dejar el saldo de la tarde. Eso ahorra un error de copia y un rato. No decide si el pedido debía existir. Quien crea que el programa elige el cliente, el riesgo o la renuncia está pidiendo a la máquina la parte del mini-proyecto que no es repetición.

Siguen en la persona las tareas que dependen de un juicio que el programa no tiene. Probar la mermelada de esta semana: si está pasada, si el punto es el de la fruta, si la etiqueta diría la verdad. Hablar con la tienda que duda, la que no sabe si repetirá la caja, y oír la objeción sin traducirla a un botón. Esas dos no se delegan en un aviso automático. Se pueden anotar después en el programa, y la anotación no sustituye haber probado ni haber hablado. En el bajo de las ruedas pasa igual: el programa puede recordar qué pieza se usó. No puede decidir si el freno ha quedado bien ni explicar a quien espera por qué no se tira la cámara a la calle.

El lugar de trabajo puede no ser un local todos los días. La ruta de la mermelada es un sitio. La cocina, otro. Una mañana de números puede hacerse en la mesa de casa, si la cuenta es lo único de ese rato. El bajo de las bicicletas sigue haciendo falta cuando hay una rueda delante, y no hace falta encenderlo para copiar un saldo. Confundir empresa con local abierto esconde el trabajo que ya ocurre fuera y finge trabajo el día en que el local está encendido y nadie entra. Esta lección no trae cifras de empleo futuro ni dice qué porcentaje de tareas «desaparecerá». Dice una frontera de aula: lo repetible y lo cuadrable pueden irse a un programa; lo que exige probar, mirar y responder a quien duda se queda en la persona, esté donde esté ese rato.

1. ¿Dónde se redacta el mini-proyecto de esta lección?

Porqué. La c es correcta porque el texto se escribe y se guarda aquí. La a contradice la consigna de no salir a otro módulo. La b confunde el proyecto con la comunicación. La d pide plazos y trámites que estas lecciones no inventan.

2. En el ejemplo del bajo de las ruedas, el ingreso se distingue del beneficio porque:

Porqué. La a es correcta porque nombra la unidad de ingreso y recuerda que el fijo puede dejar el resultado en negativo. La b llama beneficio a estar abierto. La c confunde el ingreso con la responsabilidad patrimonial de la forma elegida. La d mezcla la decisión ambiental, que no hace rentable el proyecto, con la cuenta.

3. Elegir persona autónoma en ese ejemplo implica:

Porqué. La d es correcta porque es la decisión de fondo de esa forma, y el ejemplo la acepta por escrito. La a es la regla de la sociedad limitada. La b es la idea de la cooperativa, que el ejemplo rechaza como disfraz. La c niega el riesgo, y el ejemplo habla de un mes sin encargos.

4. En el mini-proyecto, ¿qué parte puede hacer un programa y qué parte no, y qué pasa con el lugar de trabajo?

Porqué. La c es correcta porque separa lo repetible y lo cuadrable, que un programa sí hace, de probar y conversar, que siguen en la persona, y no ata el lugar de trabajo a un local diario. La a invierte el reparto y deja a la persona en el interruptor. La b entrega el proyecto entero a la máquina y niega el lugar de trabajo en vez de decir que puede moverse. La d inventa una cifra de empleo futuro que la sección no trae y obliga a un local que el texto no exige.

Escribe en esta lección

Tu mini-proyecto, en ocho a quince líneas

Escríbelo aquí, situado en Castilla y León, en no menos de ocho líneas y no más de quince. Tiene que contener, en este orden y de forma reconocible: la idea, el cliente al que dejas fuera a alguien, un coste, un ingreso por unidad, un riesgo y qué harías si aparece, la forma jurídica —autónoma, limitada o cooperativa— diciendo quién responde, y una decisión ética o ambiental que sea una regla y no un adjetivo. Sin nombres reales, sin marcas existentes, sin plazos ni costes de notaría, sin estadísticas inventadas. Si usas una cifra, márcala como supuesto de ejemplo de clase. No enlaces a otra lección: el proyecto entero cabe en este cuadro. Añade una frase sobre qué parte del mini-proyecto no se puede dejar en un programa.

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