Lección 08 · Economía · 1º Bachillerato

El dinero no es la riqueza: es el enlace

Castilla y León · Decreto 40/2022 · dinero, depósitos, crédito, hipoteca y seguro

Qué vas a aprender

El ahorro de la lección anterior casi nunca se queda en un cajón. Pasa por dinero, por un banco y, a veces, por un préstamo o un seguro. Aquí se nombran las funciones del dinero, qué es un depósito, qué hace el banco entre quien ahorra y quien pide prestado, y en qué se distinguen un préstamo, una hipoteca y un seguro. El ejemplo de clase es una tabla de tres cuotas inventadas, para ver qué parte es interés y qué parte devuelve capital, sin simular la oferta de ningún banco real.

Para qué sirve el dinero

El dinero cumple tres funciones que conviene no fundir. Es medio de cambio: evita el trueque. Sin él, quien tiene pan y quiere zapatos tiene que encontrar a quien tenga zapatos y quiera pan, en la cantidad justa y en el mismo momento. Con dinero, el panadero vende a cualquiera y el zapatero cobra de cualquiera. La coincidencia de deseos se parte en dos operaciones.

Es unidad de cuenta: los precios se expresan en la misma vara. Decir que el bocadillo cuesta 2 euros y el autobús 1 euro permite comparar sin reducir ambos a panes. La unidad no es la riqueza. Es el lenguaje en el que la escasez se escribe. Por eso un país puede cambiar los números de todos los precios y no haber creado bienes: ha cambiado la vara, no la frontera de posibilidades.

Es depósito de valor: permite trasladar poder de compra al futuro. Aquí la función es la más frágil. Los billetes no se estropean como el pescado, pero su poder de compra baja si los precios suben. El Banco Central Europeo persigue un objetivo de inflación del 2 % en el medio plazo. Ese objetivo no dice que tus euros vayan a perder exactamente ese porcentaje este año, ni es una medición de Castilla y León. Dice que la institución no busca precios congelados para siempre: busca una subida baja y estable. Guardar dinero cumple la función de depósito de valor solo de forma aproximada, y peor si los precios se desbocan. Quien confunde dinero con riqueza cree que imprimir resuelve la escasez. Imprimir cambia papeles. No añade horas ni hornos.

Depósitos y el papel del banco

Un depósito en cuenta es un derecho frente al banco, no una caja fuerte con tus mismos billetes etiquetados. Tú pasas a ser acreedor. El banco pasa a ser deudor: te debe esa cantidad según el contrato de la cuenta, y la anota a tu favor. Por eso puedes pagar con una orden, una tarjeta o una transferencia sin que viaje un fajo. Viaja el apunte.

El banco no está para guardar el ahorro quieto, aunque una parte deba quedar líquida para quien quiera retirar. Su papel en este tema es de intermediario. Junta el ahorro de muchos, que quieren poder recuperarlo con cierta facilidad, y el deseo de otros de gastarlo ahora en un proyecto y devolverlo más tarde. El margen del banco, en esquema, sale de cobrar por los préstamos más de lo que paga por los depósitos, y de comisiones, a cambio de seleccionar a quien pide, llevar las cuentas y soportar impagos. No hace falta el folleto de una entidad concreta para ver el oficio.

En un ejemplo de clase, no en una norma: entran 1000 euros de depósitos. El banco deja 200 en líquido y presta 800. Los 200 no son «el porcentaje legal» de nada: son un número redondo para pintar que no se presta hasta el último euro y que, aun así, el mismo ahorro financia un crédito. Si todos los depositantes pidieran el efectivo el mismo día, los 200 no bastarían. Esa fragilidad se gestiona con liquidez, con confianza y con normas que aquí no detallamos. Basta no creer el cuento de que tu billete duerme en un sobre con tu nombre.

Préstamo, hipoteca y seguro

Un préstamo entrega dinero hoy a cambio de devolverlo en el futuro, normalmente en cuotas, con un interés por el tiempo y por el riesgo. La cuota no es «el alquiler del dinero» a secas. En cada pago hay, conceptualmente, dos trozos: uno que remunera el capital que todavía no has devuelto, el interés, y otro que reduce lo que debes, la amortización del capital. Al principio de muchos préstamos el trozo de interés pesa más, porque debes más. Al final pesa más la devolución del capital, porque queda menos base sobre la que calcular interés. La tabla de esta lección enseña ese reparto con números puestos a mano, no con una fórmula larga de cuota constante.

Una hipoteca es un préstamo con una garantía real: normalmente la vivienda. Si no pagas, el acreedor puede ejecutar esa garantía según la ley. No es un alquiler. En el alquiler pagas por usar un piso que sigue siendo de otro. En la hipoteca vas devolviendo un préstamo y, si cumples, la vivienda queda libre de esa carga. Tampoco es «regalar la casa al banco mientras pagas»: el banco no se vuelve el usuario de la cocina. Tiene un derecho de garantía, que es otra cosa, y conviene no firmarlo creyendo que es un detalle. La cuota de la hipoteca se lee igual que la de cualquier préstamo: parte interés, parte capital. Lo específico es qué ocurre si dejas de pagar.

Un seguro es otro contrato. Pagas una prima, cierta, a cambio de que, si ocurre un daño previsto, el asegurador cubra la pérdida en las condiciones de la póliza. Sirve para un riesgo: incendio, responsabilidad, un robo. No sirve para hacerse rico en el caso normal, porque la prima sale de tu bolsillo precisamente cuando el daño no ocurre. El asegurador puede ofrecer eso porque junta muchas primas y no todos los asegurados sufren el siniestro a la vez. Confundir seguro con ahorro es esperar que te devuelvan la prima como si fuera un depósito. Algunas pólizas mezclan las dos cosas; el curso pide separarlas. El ahorro acumula. El seguro transfiere un riesgo. Puedes querer los dos y no son el mismo botón.

Ejemplo de clase: tres cuotas

Ejemplo de clase

Un taller de bicicletas en Ponferrada, inventado, pide 900 euros para una herramienta. No hay banco con nombre ni TAE de folleto. El ejemplo fija, a mano, tres cuotas de 320 euros. En tres pagos salen 960 euros. Como el capital era 900, el interés total del ejemplo es 60 euros. El reparto interno, también inventado para que se vea la idea, es este:

Periodo 1: cuota 320, de los cuales 30 son interés y 290 reducen capital. Queda pendiente 610. Periodo 2: cuota 320, de los cuales 20 son interés y 300 reducen capital. Queda pendiente 310. Periodo 3: cuota 320, de los cuales 10 son interés y 310 reducen capital. Queda pendiente 0.

Comprueba las sumas.
30 + 20 + 10 = 60
290 + 300 + 310 = 900
320 × 3 = 960
900 + 60 = 960 El pendiente nunca se calcula con una fórmula financiera larga: se resta, periodo a periodo, la parte de capital. Esta tabla no es «la cuota oficial» de un crédito al 3 % ni de ningún otro tipo anunciado. Está dibujada para que veas que pagar 320 no significa que 320 sean interés. En el primer periodo, de cada 320 solo 30 remuneran el préstamo y 290 son tuyos de vuelta, en el sentido de que dejan de deberse.

Si el taller no pudiera pagar, un préstamo sin garantía depende de lo que se pueda reclamar del patrimonio en general. Si el mismo esquema fuera una hipoteca, la herramienta no bastaría como imagen: la garantía sería un inmueble, y el impago abriría la puerta a ejecutar esa garantía. Si en vez de pedir prestado el taller pagara 40 euros de prima por un seguro de la herramienta, esos 40 no reducen ningún capital pendiente. Compran cobertura. Son la casilla distinta.

La cuota se parte en interés y capital Tres barras de 320 euros. La parte ámbar es interés, 30, 20 y 10. El resto devuelve capital. El pendiente pasa de 900 a 610, a 310 y a 0. CUOTA 320 Periodo 1 debe 610 Periodo 2 debe 310 Periodo 3 debe 0 Ámbar: interés (30, 20 y 10). Resto de la barra: capital que se devuelve. Tabla inventada. No es la oferta de un banco.
Misma cuota, distinto reparto. El interés del ejemplo suma 60 euros en total.

Errores de lenguaje que salen caros

Decir que la cuota «son todo intereses» impide ver que la deuda baja. Decir que la cuota «son todo ahorro» es peor: pagar un préstamo no es ahorrar, es cumplir. El ahorro sería apartar renta nueva. Llamar hipoteca al alquiler confunde un derecho de garantía con un pago por uso. Llamar seguro a un depósito hace esperar un reembolso que la prima, por sí sola, no promete. Y tratar el dinero como riqueza empuja a creer que el banco, al anotar ceros, ha creado hornos.

En una economía mixta como la española estas piezas conviven con normas: quién puede captar depósitos, qué información debe llevar un contrato, qué parte de la vivienda no se puede ignorar al ejecutar una garantía. Esas normas no cambian las definiciones de esta lección. Hacen que el margen y el riesgo no queden solo en la palabra del más experto de la mesa. Antes de firmar, la pregunta sigue siendo la de la tabla: de esta cuota, ¿qué es precio del tiempo y qué es devolución? Si nadie lo sabe decir con números del propio contrato, todavía no se ha entendido el préstamo, aunque la letra sea pequeña y el bolígrafo esté encima.

Cómo se crea el dinero de los depósitos

El dinero legal y el depósito no son el mismo papel, aunque los dos sirvan para pagar. El dinero legal, aquí, es el billete y la moneda: se aceptan porque tienen curso legal y salen del banco central. Un depósito en cuenta es un derecho contra un banco comercial. Tú eres acreedor y el banco es deudor, como ya decía el apunte de la cuenta. La mayor parte de los pagos no mueve un fajo. Mueve un apunte. Cuando esta lección habla de creación de dinero, habla de esa multiplicación de apuntes, no de una máquina de imprimir puesta en el aula.

Ejemplo de clase

El coeficiente de reservas de este ejemplo es el 10 %. No es el coeficiente vigente, y tampoco es el 200 sobre 1000 del esquema anterior: aquel número solo pintaba que no se presta el último euro. Aquí la regla de aula es otra, dicha para poder seguir la cadena. Entran 1000 euros en depósito.
1000 × 0,10 = 100
1000 − 100 = 900
El banco guarda 100 y presta 900. Quien recibe los 900 los gasta. Quien cobra los ingresa. Aparece un depósito nuevo de 900.
900 × 0,10 = 90
900 − 90 = 810
De esos 900 el banco guarda 90 y presta 810. Si el circuito sigue, el siguiente depósito será 810.
810 × 0,10 = 81
810 − 81 = 729 Cada vuelta deja un diez por ciento quieto y devuelve el resto al mercado de los apuntes.

El límite solo aparece si se aceptan tres supuestos, y hay que decirlos en voz alta. Nadie atesora efectivo: el billete vuelve siempre a algún banco. Hay un solo coeficiente, el 10 % de aula, igual en cada vuelta. No hay fuga: el préstamo no se va a un colchón, ni a un circuito que no vuelva a depositar. Con esos tres supuestos, la serie de depósitos tiene techo. Los 1000 iniciales, partidos por 0,10:
1000 / 0,10 = 10000 euros. Ese 10000 es el tope del ejemplo, no el saldo de ningún banco real ni la cantidad de dinero de ningún país. Si alguien guarda billetes en un cajón, si el banco reserva de más, o si el crédito no regresa como depósito, el proceso se para antes. El límite enseña la aritmética del supuesto. No describe el mundo sin el supuesto.

Conviene cerrar diciendo qué no ha creado el banco. No ha creado hornos, ni horas, ni la herramienta del taller. Ha anotado depósitos, que son deudas suyas, y préstamos, que son deudas de quien recibió el crédito. El medio de pago se ha ensanchado. Los bienes no. Si los préstamos no se cobran, parte de esos apuntes se queda sin respaldo y la cadena no era riqueza escondida: era confianza más una reserva. Tratar los 10000 como si fueran mil hornos nuevos es el mismo error que tratar el billete como si fuera el trigo. Cambian los papeles con los que se reclama la producción. No cambia la producción por el hecho de anotarlos.

1. ¿Cuál de estas frases describe la función de unidad de cuenta?

Porqué. La d es la unidad de cuenta. La a es el medio de cambio. La b es el depósito de valor. La c confunde dinero con riqueza real y no nombra ninguna de las tres funciones; es el error que la lección quiere frenar.

2. Ingresas un billete en tu cuenta. ¿Qué ha pasado, en el esquema de la lección?

Porqué. La a define el depósito como derecho frente al banco. La b niega la intermediación; el ejemplo de clase presta una parte precisamente para mostrar lo contrario, aunque los 200 y los 800 no sean una norma. La c confunde depósito con seguro. La d habla de devolver un préstamo garantizado, que no es ingresar un billete.

3. En la tabla de tres cuotas de 320 euros sobre un capital de 900, ¿cuánto es interés y cuánto es devolución de capital en el periodo 1?

Porqué. La c lee la fila del periodo 1 y la resta 900 − 290 = 610. La a trata toda la cuota como interés y contradice la tabla. La b cambia de fila. La d acumula los 60 euros de interés de los tres periodos en el primero, y entonces la cuota no cuadraría con el reparto que suma 960.

4. En el ejemplo de clase, el coeficiente es el 10 % y no es el vigente. Entran 1000 euros, nadie guarda billetes y no hay fuga. ¿Cuál es el límite de los depósitos y por qué?

Porqué. La c es correcta porque el límite del ejemplo es el depósito inicial partido por el coeficiente, y solo bajo los supuestos dichos: nadie atesora efectivo, un solo coeficiente y sin fuga. La a convierte el apunte en hornos y bienes, que el banco no ha creado. La b describe una caja que no presta, y entonces no hay cadena ni se llega a 10000. La d promociona el 10 % de aula a coeficiente vigente, y la sección dice que no lo es.

Escribe en esta lección

Tu tabla de tres filas

Inventa un préstamo pequeño de ejemplo de clase, con capital redondo y tres cuotas. Reparte cada cuota entre interés y capital de modo que el capital devuelto sume el inicial y el pendiente llegue a cero. Explica en un párrafo qué fila lleva más interés y por qué eso no convierte la cuota entera en «dinero perdido». Añade una frase que distinga ese contrato de un seguro. No uses el nombre de un banco ni una TAE real.

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