Lección 01 · Economía · 1º Bachillerato
La escasez obliga a elegir
Qué vas a aprender
La economía no empieza en la bolsa ni en el presupuesto del Estado. Empieza cada vez que quieres algo y no puedes tenerlo todo a la vez. Esta lección fija el vocabulario de partida: necesidad, escasez, bien libre, bien económico, bien de consumo, bien de capital, bien duradero y bien no duradero. Con esas palabras se puede leer una merienda, un alquiler o un turno de voluntariado sin confundir pobreza con el problema económico general.
También verás que muchas relaciones que parecen solo afectivas, familiares o políticas llevan dentro una decisión sobre recursos escasos. Nombrar ese contenido económico no las vuelve frías: las hace más honestas. Quien no ve la escasez suele discutir como si el tiempo, el dinero y la atención fueran infinitos.
Necesidades que no se cierran
Una necesidad, en este curso, es la sensación de carencia unida al deseo de satisfacerla. Hay necesidades primarias o de supervivencia: comer, beber, abrigarse, dormir bajo techo, recibir cuidados cuando uno enferma. Sin ellas el organismo no se sostiene. Hay necesidades secundarias o sociales: estudiar, desplazarse, comunicarse, pertenecer a un grupo, ser reconocido, disfrutar de ocio. No son un capricho menor. Una persona puede sobrevivir sin teatro, pero una sociedad que solo cubre el pan deja fuera gran parte de lo que llama vida digna.
Las necesidades son ilimitadas en un sentido preciso y nada melodramático. Cuando se cubre una, aparece otra o la misma se vuelve más exigente. Quien ya tiene abrigo quiere uno que no se empape; quien ya come quiere variedad, tiempo para cocinar o un sitio donde sentarse con calma. El móvil que hace dos años bastaba hoy parece corto de batería. Eso no demuestra que la gente sea insaciable por vicio. Demuestra que el deseo se desplaza cuando el entorno cambia y cuando comparamos nuestra situación con la de otros.
Conviene separar necesidad de bien. La necesidad es la carencia. El bien es el medio con el que intentamos cubrirla. El hambre es necesidad; el bocadillo es bien. La necesidad de moverse no es el autobús: el autobús es un medio entre varios. Confundir las dos cosas lleva a pelear por un objeto concreto cuando el problema era otro, por ejemplo querer «un coche» cuando lo que faltaba era llegar al instituto a una hora fija.
Escasez: recursos finitos, deseos que no lo son
Hay escasez cuando los recursos disponibles no alcanzan para satisfacer todas las necesidades a la vez. El recurso puede ser dinero, horas, tierra, minerales, atención de un profesor, camas de un hospital o plazas de un comedor. La escasez es relativa: no se mide solo por lo poco que hay, sino por lo poco que hay comparado con lo que se quiere hacer. Un palacio puede ser escaso de tiempo si su dueño no puede estar en dos sitios. Un pueblo pequeño puede no ser pobre de pan y ser escaso de especialistas médicos.
Por eso escasez no es sinónimo de pobreza. La pobreza es una situación en la que faltan medios para cubrir necesidades básicas, y es un problema social grave. La escasez, en cambio, alcanza también a quien tiene la nevera llena: sigue sin poder comprar todos los libros, cuidar a todo el mundo y aprobar todo sin dormir. Si no hubiera escasez, no habría que elegir y casi no haría falta la economía como disciplina. La economía estudia cómo se elige cuando no se puede tener todo.
Elegir es renunciar. Si dedicas la tarde a entrenar, no la dedicas a trabajar por horas. Si el instituto gasta el presupuesto de actividades en un viaje, no lo gasta en instrumentos para el aula de música. Esa renuncia tiene nombre en la lección siguiente del curso, el coste de oportunidad. Aquí basta con ver que la escasez es la raíz: sin ella la renuncia no existiría.
Bienes libres y bienes económicos
Un bien libre es aquel del que se puede disponer sin pagar y sin excluir a otros de forma relevante, porque en ese lugar y en ese momento sobra respecto al uso. El aire que respiras en un páramo abierto de la meseta es el ejemplo clásico: no hay cola, no hay precio, no hay dueño que te cobre la bocanada. Un bien económico es escaso: obtenerlo exige esfuerzo, tiempo o dinero, y usarlo suele impedir que otro lo use igual. El agua envasada, la vivienda, la hora de un fontanero y la plaza en un ciclo formativo son bienes económicos.
La frontera no es eterna ni mágica. El aire de una ciudad muy contaminada deja de comportarse como bien libre si hace falta una mascarilla o un filtro. El agua de un río puede ser libre para mirarla y económica para beberla tratada. Un bien puede ser libre para quien camina por el campo y económico para quien lo embotella y lo transporta. Clasificar exige decir dónde, cuándo y para qué uso. Decir «el agua es un bien libre» sin más es una frase perezosa.
También hay servicios, que son actividades y no objetos: un corte de pelo, una clase, una revisión médica. En este curso, cuando decimos bienes en sentido amplio incluimos a menudo los servicios, porque ambos sirven para satisfacer necesidades y ambos pueden ser escasos. La diferencia práctica es que el servicio no se almacena igual: la hora del dentista de las diez no se guarda en un armario para el jueves.
Consumo, capital, duraderos y no duraderos
Los bienes de consumo satisfacen necesidades de forma directa. El bocadillo quita el hambre, la chaqueta abriga, la entrada de cine entretiene. Los bienes de capital, o de producción, no se desean por sí mismos en el momento de usarlos: sirven para producir otros bienes. El horno de una panadería, el tractor, el ordenador del taller de diseño y la furgoneta de reparto son capital. Un mismo objeto cambia de casilla según el uso. La harina en casa es consumo; la harina en el obrador es un consumo intermedio, un ingrediente que se transforma. La bicicleta con la que vas al instituto es consumo; la flota de bicis de una empresa de mensajería es capital.
Dentro del consumo, los bienes no duraderos se agotan en uno o pocos usos: el pan, la gasolina del trayecto, el cuaderno que se llena, la bombilla que funde pronto en el ejemplo simple de clase. Los bienes duraderos prestan servicio durante varios periodos: una mesa, un abrigo de varios inviernos, una lavadora, un instrumento musical. La distinción importa para planificar. Quien trata un bien duradero como si desapareciera al usarlo una vez infravalora su coste por uso. Quien trata el pan como si durara un año toma decisiones absurdas de almacenamiento.
Hay además bienes presentes y bienes futuros, una idea que reaparecerá al hablar de ahorro. Consumir hoy es usar recursos ahora. Ahorrar es dejar de consumir hoy para poder consumir o producir después. No hace falta todavía el interés. Basta entender que el tiempo parte la escasez en dos: lo que se usa ya no está, y lo que se reserva tampoco está disponible ahora.
El contenido económico de las relaciones sociales
Casi ninguna relación humana es «solo económica», y casi ninguna está libre de economía. Compartir piso, cuidar a un abuelo, organizar la fiesta del pueblo, decidir quién limpia la cocina o quién usa el coche familiar son relaciones afectivas, de autoridad o de costumbre que además asignan tiempo, dinero y esfuerzo escasos. Ver ese contenido no significa ponerle precio a la amistad. Significa no fingir que el cuidado, el transporte o la comida aparecen solos.
En una familia, el trabajo no pagado de cocinar, acompañar al médico o ayudar con los deberes libera tiempo de otras personas y sustituye servicios que en otro caso habría que comprar. Ignorarlo distorsiona quién contribuye. En un instituto, la tutoría, el material compartido y las horas de patio son recursos. Si un grupo monopoliza el aula de informática, hay una asignación, aunque nadie firme un contrato. En un ayuntamiento pequeño, reparar la fuente o ampliar el consultorio compite por el mismo presupuesto: la vecindad discute valores, y a la vez discute una restricción material.
Las normas, las leyes y las costumbres son en parte respuestas a la escasez. La cola del ambulatorio, el precio del alquiler, la beca y el turno de riego en una comunidad de regantes dicen quién accede a qué. Pueden ser justas o injustas; la economía de este tema no cierra el juicio moral. Sí impide el autoengaño de creer que, si todos «se portan bien», los recursos dejarán de ser finitos. Portarse bien cambia el reparto y a veces amplía lo disponible, por ejemplo si se cuida una herramienta común para que dure. No borra la necesidad de elegir.
Un instituto en Castilla y León
Piensa en un instituto público de una ciudad mediana de Castilla y León, por ejemplo en Segovia, Soria o Ponferrada: el nombre da igual porque el mecanismo es el mismo. Hay un número fijo de aulas, un claustro con horas lectivas contadas y una cafeteria o un office con capacidad limitada a la hora del recreo. Los estudiantes quieren, a la vez, sombra en el patio, enchufes, silencio para estudiar y sitio para hablar. Esos deseos no caben en el mismo metro cuadrado al mismo minuto.
El aire del patio abierto funciona casi como bien libre. La silla de la biblioteca, no: si te sientas tú, otro permanece de pie. El bocadillo es un bien de consumo no duradero. El ordenador de la sala de informática es duradero y, mientras lo usa un alumno para un trabajo, es un medio de producción de ese trabajo, no un juguete suelto. La relación entre quien llega antes y quien llega tarde tiene contenido económico aunque se viva como costumbre: se está repartiendo un bien escaso sin dinero de por medio. Negarlo solo produce enfados peores, porque la escasez sigue ahí y nadie la nombra.
Ejemplo de clase: veinte horas que no se estiran
Ejemplo de clase
Una estudiante dispone, entre semana y fuera del horario lectivo, de 20 horas para tres usos que le importan: trabajar en una tienda del barrio, preparar un examen de Economía y ensayar con el grupo de teatro del instituto. El trabajo paga 8 euros la hora. El examen es el jueves. El ensayo, si falta, deja al grupo sin sustituta.
Si dedica 10 horas a la tienda:
10 × 8 = 80 euros, y le quedan 10 horas. Esas 10 no cubren a la vez 8 horas serias de estudio y 6 horas de ensayo.
8 + 6 = 14
Solo hay 10. Opciones redondas: 10 de trabajo, 8 de estudio y 2 de ensayo; o 6 de trabajo, 8 de estudio y 6 de ensayo; o 10 de trabajo, 4 de estudio y 6 de ensayo.
6 × 8 = 48 euros. Ninguna opción cumple los tres deseos al completo. Eso es escasez con números pequeños, no una estadística oficial. El dinero ganado es un bien económico. Las horas son el recurso escaso de verdad. El ensayo y el estudio producen bienes distintos: uno es tiempo compartido con otras personas, el otro es aprendizaje, que funciona como capital humano porque sirve para producir resultados después.
Fíjate en lo que el ejemplo no dice. No dice cuánto debería elegir. Dice que elegir es inevitable y que cada combinación deja fuera una parte. Quien le recomiende «haz las tres cosas bien» sin quitar horas de otro sitio está ignorando la restricción. Quien le diga que el teatro «no es economía» no ha visto que esas 6 horas compiten con el salario y con la nota.
Cómo no usar estas palabras
No llames bien libre a todo lo que no compras con tarjeta. La plaza en la biblioteca es gratis en caja y escasa en la puerta. No llames bien de capital a todo lo caro: un abrigo de 200 euros sigue siendo consumo duradero si lo usas para abrigarte. No llames escasez solo a la falta de dinero: a veces sobra dinero en el monedero y falta tiempo, o sobra tiempo y falta una plaza de formación. Y no conviertas la clasificación en un adorno. Sirve para preguntar, ante cualquier conflicto cotidiano, qué recurso no da para todos y quién se queda fuera cuando alguien se queda dentro.
En las lecciones que siguen, esta idea se afila. Modelizar será dibujar la escasez con supuestos claros. El coste de oportunidad pondrá número o nombre a la renuncia. Los incentivos explicarán por qué la gente se mueve hacia un uso u otro del mismo recurso. Si el vocabulario de hoy queda suelto, lo de después parece truco. Si queda firme, cada gráfico del curso es una forma de decir lo mismo: no se puede todo, y por eso importa cómo se decide.
Escribe en esta lección
Tres bienes de tu semana
Elige tres cosas o servicios que hayas usado esta semana. Para cada uno indica si se comporta como bien libre o económico, si es de consumo o de capital y si es duradero o no duradero. Cierra con un párrafo de al menos 80 palabras sobre una discusión real, en casa o en el instituto, cuyo fondo sea un recurso que no alcanza para todos. No hace falta buscador: clasifica desde el uso, no desde el precio de catálogo.