Hoja 1 · Objetivos
Hoja 2 · Explicación
El criterio 1.6 pide practicar con seguridad: cómo te vistes, qué te quitas, cómo usas el material y la instalación, y qué hacéis como grupo para que el daño no lo pague otra persona. Prevenir no es tener miedo de moverse. Es quitar, antes de empezar, lo que convierte una tarea normal en un golpe, un enganchón o una caída.
Esta lección no inventa un protocolo de alarma del centro ni una cifra de accidentes. Cada instituto tiene sus normas de espacio, y esas mandan. Aquí aprendes a leer una instalación genérica y a nombrar el riesgo antes de que ocurra. Si ya hay una persona herida, el protocolo de actuación es el de la lección siguiente, no un arreglo improvisado en el sitio.
La ropa de práctica tiene que permitirte correr, girar y caer sin enredarte. Un pantalón que llega al suelo, una bufanda, una capucha con cordón suelto o una prenda demasiado ancha se convierten en un asa. El calzado va atado, con suela entera, acorde al suelo de hoy: lo que sirve en pista no tiene por qué servir en hierba mojada, y al revés. No hace falta un modelo concreto. Hace falta que no se salga el pie y que no dejes cordones sueltos en el camino de quien viene detrás.
Si hace frío, la capa de más se quita cuando ya estás en calor, o se elige una prenda que no tape la vista ni cuelgue. Si hace calor, no es higiene quedarte con una camiseta empapada de otra sesión: el material y la piel compartida importan, pero tampoco se practica con el torso desnudo si la norma del centro pide camiseta. La norma del centro gana a la comodidad personal.
Se retiran o se protegen, según indique el docente, los objetos que enganchan o golpean: pendientes largos, collares, cadenas, pulseras rígidas, relojes, anillos, piercings que sobresalen, gafas sueltas si la tarea es de contacto o de salto. Un chicle en la boca no es un accesorio inofensivo: en un esfuerzo puede irse a la vía aérea. El móvil en el bolsillo es un canto duro contra tu cadera o contra la de otra persona en una caída.
Quitarse un pendiente no es una cuestión de estilo ni de «aguantar». Es una medida previa. Si un objeto no puede quitarse por un motivo de salud que el docente ya conoce, la tarea se adapta: no se fuerza el contacto ni el volteo. Guardar las joyas en el banco, a la vista de nadie que las pueda pisar, también evita que el suelo se convierta en un campo de objetos pequeños.
El riesgo propio es el que asumes con tu cuerpo: saltar desde una altura que no controlas, entrar en un suelo mojado a toda velocidad, probar una voltereta que no está en la sesión, cargar un objeto que no puedes sostener. La fatiga del esfuerzo —respirar fuerte, notar las piernas— puede ser parte de la tarea. El dolor no lo es: un pinchazo, un mareo, un dolor en el pecho, una visión rara o una articulación que falla son motivos para parar, aunque el grupo siga.
Decir «yo me la juego» no cierra el asunto. En un espacio compartido, tu caída ocupa el sitio de otra persona. Por eso el riesgo propio casi nunca es solo propio.
El riesgo ajeno aparece cuando tu acción alcanza a quien no la eligió. Un balón lanzado a la cara de quien mira a otro lado. Una colchoneta arrastrada por detrás de unas piernas. Un palo o una pica que gira sin mirar el radio. Entrar en la zona de caída de quien está en el potro o en un salto. Empujar «de broma» cerca de una pared o de una portería.
Avisar en voz alta forma parte de la técnica, no de la educación buena. «Voy», «suelo», «balón» son medidas. Callar para no parecer miedoso traslada el coste a quien no ve. Si la norma de hoy prohíbe el contacto, el contacto es riesgo ajeno aunque a ti te parezca poco.
Antes de la tarea, alguien mira el objeto: ¿está entero?, ¿se mueve lo que no debería?, ¿el suelo de debajo está libre? Un balón sirve para jugar, no para lanzarlo contra una espalda distraída. Una colchoneta se transporta entre dos si pesa, se mira el camino y no se suelta a medias. Las picas y los conos marcan, no se usan como espadas. Lo que está roto se aparta del espacio de práctica y se dice; no se esconde al fondo del armario para que le toque al grupo siguiente.
Al acabar, recoger es prevención de la hora siguiente. Un cono olvidado en una línea de carrera es un tobillo. El material no se deja apoyado en una puerta, en una escalera ni en una salida. Si no sabes dónde va, preguntas. Inventar un sitio es cómo se pierde y cómo se tropieza mañana.
Una instalación escolar típica tiene zonas que no son pista aunque estén al lado: gradas, vestuario, pasillo de salida, almacén, porterías y canastas fijas, bancos, cristales, fuentes. El dibujo de esta lección es genérico. No es el plano de tu centro ni un protocolo de evacuación. Sirve para acostumbrarte a mirar antes de acelerar.
El suelo mojado, el polvo suelto, una baldosa levantada o una luz que deja una esquina a oscuras se dicen en voz alta y se evitan o se señalizan como indique el docente. No se trepa a porterías ni a canastas. No se entra en el almacén sin permiso. El vestuario no es una pista de velocidad: el suelo suele estar húmedo y el espacio, estrecho. Las puertas se abren con cuidado hacia quien pueda venir. Si el espacio de hoy está ocupado por otro grupo, no se «cuela» una actividad en el hueco: se espera o se usa el plan B de la sesión.
Una medida colectiva no depende del cuidado de una sola persona heroica. Es una regla que el grupo puede cumplir a la vez: una zona de espera marcada, un sentido de circulación, un tope de gente en la estación, una señal para parar toda la actividad, contar que estáis todas y todos antes de cambiar de espacio. Si la medida solo funciona cuando «la gente responsable» se acuerda, no es colectiva: es un deseo.
Parar la clase entera cuando hay un suelo inseguro o un objeto roto no es perder el tiempo. Es la medida. Quien se ríe de quien avisa empuja al grupo a callarse la próxima vez. El docente tiene la última palabra sobre si se sigue, se adapta o se suspende la tarea. Tu parte es no negociar la seguridad por un minuto más de juego.
El trabajo compensatorio de esta lección es general: variar el lado con el que empujas o golpeas, mover también lo que la tarea deja quieto, dedicar un tramo final a movilidad suave de las zonas que más has usado, no repetir siempre el mismo gesto hasta el dolor. Sirve para no vivir de un solo patrón. No sirve para «corregir» una lesión, una espalda diagnosticada ni una rodilla operada.
Rehabilitar es un proceso sanitario. No se copia de un vídeo ni se improvisa en el patio con un compañero haciendo de fisio. Si hay una lesión, el docente y un profesional de la salud deciden qué se puede hacer; esta página no da ejercicios para un diagnóstico. Un estiramiento suave que ya conoces de la vuelta a la calma no es una cura. Si duele, se para.
Hoja 3 · Ejemplos resueltos
En un juego con contacto moderado, autorizado por el docente, Nuria lleva unos pendientes largos. Dice que no se los quita porque no molestan.
Resultado. El riesgo ajeno se corta antes del primer contacto. La indumentaria forma parte del calentamiento organizativo, no de un regaño a mitad.
Después de beber, queda un charco entre la fuente y la línea por donde el grupo acelera. Dos personas ya lo han visto. Nadie habla porque «es pequeño».
Resultado. Un charco deja de ser un asunto individual. La instalación se lee y se corrige sin inventar una obra ni una cifra de accidentes.
Hoja 4 · Práctica segura
Seguridad: esta práctica es de observación y de organización. No trepes, no pruebes material roto y no hagas de rehabilitación. Si duele, parar. En una emergencia, 112. Las alarmas del centro se siguen como estén publicadas allí, sin inventar otra.
Comprueba · 4 preguntas
1. Un collar en una tarea de contacto es, sobre todo…
Porqué. El accesorio se valora por el riesgo de la tarea, no por el gusto. Esperar al accidente no es prevención.
2. ¿Cuál es un ejemplo claro de riesgo ajeno?
Porqué. Entrar en la caída de otra persona le traslada un peligro que no ha elegido. La fatiga por sí sola no es ese caso. Atarse y beber en la pausa son medidas, no riesgos.
3. Una medida colectiva de verdad…
Porqué. Colectiva significa que no cuelga de una sola memoria. No se vota por encima de la norma del centro ni se tapa el riesgo con ánimo.
4. El trabajo compensatorio de esta lección…
Porqué. Compensar aquí es general. Rehabilitar corresponde a un profesional. El dolor no se entrena: se para.
Prevenir es vestirse para la tarea, quitar lo que engancha, leer la instalación y cortar el riesgo propio y el ajeno con medidas de grupo. El material se comprueba y se recoge. El trabajo compensatorio de esta página es general: no diagnostica ni rehabilita. Si duele, se para. Si la situación es una emergencia, 112. La alarma del centro se sigue tal como esté en el centro.
Describe una sesión real de tu centro sin inventar un plano oficial. Incluye: indumentaria y accesorios que te quitas, un riesgo propio, un riesgo ajeno, cómo usarías un material concreto, qué zona de la instalación no es pista, y una medida colectiva. Cierra con un compensatorio general y una frase que deje claro que no es rehabilitación.
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