Hoja 1 · Objetivos
Hoja 2 · Explicación
Un programa personal no es una lista de retos copiados ni un castigo por haber estado sentado. Es un plan breve, escrito por ti, que dice qué vas a mover, cuántos días, cuánto rato y con qué esfuerzo, y que dejas abierto para corregirlo. El criterio 1.1 pide precisamente eso: organizar la práctica y, después, mirarla de frente para ajustarla.
En 1º de Bachillerato ya no basta con «hago deporte». Hace falta nombrar las decisiones. Si no las nombras, no puedes saber qué cambiar cuando el plan falla: si te aburre, si no te da tiempo o si te deja tan cansado que lo abandonas.
Cualquier sesión cabe en cuatro preguntas. Frecuencia: cuántos días o sesiones en la semana. Volumen: cuánta práctica acumulas (minutos, distancia, repeticiones o series), no lo fuerte que resulta. Intensidad: el esfuerzo de cada minuto (suave, moderada o vigorosa). Tipo: qué clase de tarea es (caminar, juego, resistencia continua, fuerza con el propio cuerpo, coordinación, movilidad).
Las cuatro se mueven juntas, pero no son lo mismo. Dos personas pueden tener el mismo volumen semanal y una práctica muy distinta: una reparte un tramo suave casi cada día; otra concentra todo en un único partido muy duro. La primera suele ser más fácil de sostener. La segunda puede ser valiosa, pero no cubre por sí sola la idea de práctica regular.
La frecuencia responde a «¿cuántas veces?». Un partido el domingo tiene valor, pero si de lunes a sábado no hay nada, la frecuencia es baja aunque ese partido sea largo. Subir la frecuencia no significa entrenar todos los días hasta vaciarte. Significa repartir práctica en más días, aunque alguna sesión sea corta y moderada: ir andando a clase si el camino es seguro, un recreo activo, una sesión de fuerza suave con el propio cuerpo.
Cuando reorientes, la frecuencia es a menudo la primera palanca. Añadir un día suave suele ser más asumible que convertir el único día que ya haces en una sesión agotadora.
El volumen suma cantidad: minutos de movimiento, vueltas al patio, repeticiones hechas con una técnica que puedes mantener. No suma el deseo ni el tiempo que pasaste mirando el móvil entre series. Para contarlo hace falta un criterio estable: el mismo reloj, la misma tarea, parar el conteo cuando la técnica se rompe o aparece dolor.
Más volumen no es automáticamente mejor. Si esta semana no puedes sostener lo que escribiste, el volumen era demasiado alto para tu vida real (horarios, sueño, otros estudios), no «demasiado bajo tu fuerza de voluntad». El ajuste honesto es bajarlo o repartirlo, y anotarlo.
La intensidad no se adivina por el nombre de la actividad. El mismo paseo puede ser suave un día y vigoroso otro, según el ritmo, el terreno y cómo llegas. Una regla de aula, sin aparatos: si puedes hablar con frases completas pero no cantar, la intensidad suele ser moderada; si solo salen frases cortas, es más vigorosa; si podrías cantar, es suave.
Mezclar intensidades en la semana tiene sentido: no todo tiene que dejarte sin aliento, y no todo puede ser un paseo en el que no notas el esfuerzo. Lo que no tiene sentido es llamar «suave» a una sesión en la que no puedes hablar, solo porque el plan lo decía así.
El tipo evita que el programa sea una sola habilidad repetida. Una semana razonable combina algo continuo (caminar, trotar suave, bici en entorno seguro), algo de fuerza con el propio cuerpo o cargas muy ligeras que ya usas en clase, y algo de movilidad o coordinación. No hace falta un deporte federado para que el tipo cambie.
Elegir tipo también es elegir riesgo. En este curso no entran pruebas máximas, cargas que no controlas ni retos grabados para impresionar. Si una tarea duele —no es lo mismo la fatiga del esfuerzo que un pinchazo, un mareo o un dolor articular—, esa tarea sale del programa hasta que el profesorado o un médico indiquen lo contrario.
La OMS es la única referencia numérica de esta lección. Hasta los 17 años orienta hacia unos 60 minutos al día de actividad de intensidad moderada a vigorosa. En la edad adulta, la referencia pasa a 150–300 minutos por semana de actividad moderada, o 75–150 minutos de actividad vigorosa, más trabajo de fuerza al menos 2 días a la semana.
Esas cifras son una orientación de salud, no una nota ni una deuda que saldar en un día. Si todavía te aplica la referencia de hasta 17 años, no la sustituyas por la de adultos para «hacer menos». Si ya te aplica la de adultos, no conviertas los 60 minutos diarios en una obligación que la OMS no formula así para esa edad. Y no añadas porcentajes, aplicaciones ni estudios que esta lección no trae: si no puedes citar la fuente, no lo pongas en el plan como si fuera un hecho.
Evaluar es comparar lo escrito con lo hecho. Al cabo de la semana respondes, con datos tuyos: ¿cuántos días cumplí?, ¿el volumen fue el que puse o se quedó a medias?, ¿la intensidad real coincidió con la prevista (prueba del habla)?, ¿el tipo me sirvió o lo evité? También cabe una pregunta de encaje: ¿dormí, comí y llegué a clase de forma que el plan fuera compatible con estudiar?
Reorientar es decidir un cambio para la semana siguiente. Subir a la vez frecuencia, volumen e intensidad impide saber qué ayudó y qué te rompió el plan. Si no cumpliste, el cambio puede ser hacer la sesión más corta, no añadir castigo. Si cumpliste y te sentiste bien, puedes mover solo una variable un poco hacia arriba, o cambiar el tipo porque era siempre el mismo.
Hoja 3 · Ejemplos resueltos
Nora juega un partido largo el domingo y el resto de la semana estudia sentada. Quiere «hacer más» y piensa en quedarse una hora extra después del partido.
Resultado. El programa nuevo dice: partido del domingo + dos paseos concretos. Una sola decisión de cambio, escrita, revisable.
Iker copia los cinco días de carrera de un compañero que ya lleva meses. A los tres días no puede hablar al trotar, le pesa el sueño y lo deja.
Resultado. El plan deja de ser una copia. Frecuencia 3, intensidad moderada por la prueba del habla, tipo carrera suave o caminar rápido, revisión fechada.
Hoja 4 · Práctica segura
Seguridad: camino conocido, sin pruebas de máximo esfuerzo ni cargas nuevas. Fatiga al respirar puede ser parte del esfuerzo; dolor, mareo, dolor en el pecho o visión rara no lo son: se para. Si parece una emergencia, 112.
Comprueba · 4 preguntas
1. En un programa, ¿qué describe la frecuencia?
Porqué. La frecuencia cuenta veces o días. La A es la intensidad. La C es volumen. La D se acerca al tipo, no a cuántas veces.
2. Reorientar el programa significa sobre todo…
Porqué. Reorientar usa la evaluación. La A no cambia nada. La B mueve todas las variables y no se sabe qué falló. La D esconde el dato que necesitabas.
3. Según la OMS, hasta los 17 años la orientación de actividad moderada a vigorosa es…
Porqué. La OMS, hasta los 17 años, orienta a unos 60 minutos diarios moderados-vigorosos. 150–300 minutos es una cifra semanal de adultos en intensidad moderada, no diaria. La C y la D no son esa orientación.
4. Si la semana te vino grande, ¿qué ajuste encaja mejor con esta lección?
Porqué. Se toca una palanca y se revisa. La A acumula cambios. La C compara con otra persona. La D hunde la frecuencia, que era justo el problema de partida en muchos casos.
Un programa personal nombra frecuencia, volumen, intensidad y tipo. Se evalúa con lo que hiciste, no con lo que prometiste. Se reorienta con un cambio cada vez. La OMS marca el horizonte (unos 60 minutos diarios moderados-vigorosos hasta los 17 años; en adultos, 150–300 minutos semanales moderados o 75–150 vigorosos, y fuerza al menos 2 días): no es una nota de hoy ni una cifra para inventar otras.
Escribe en el cuadro un programa para ti, no para un compañero. Incluye: días (frecuencia), minutos o tarea concreta (volumen), esfuerzo previsto con la prueba del habla (intensidad), tipo de cada sesión, y el día en que lo evaluarás. Cierra con una sola reorientación posible si la semana se tuerce. No copies cifras de nadie.
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