Lección 05 · Economía, Emprendimiento y Actividad Empresarial · 1º Bachillerato

Una ciencia social que no promete el porvenir

Castilla y León · Decreto 40/2022 · método, supuestos y modelos

Qué vas a aprender

La economía estudia decisiones humanas bajo escasez, no el movimiento de una piedra. Por eso puede ser rigurosa y, a la vez, incapaz de ofrecer leyes con la fijeza de un laboratorio. Vas a ver qué supone un modelo, para qué sirve el ceteris paribus y qué no está autorizado a prometer quien dibuja una curva.

Ciencia, pero de personas

Llamarla ciencia social no es un consuelo ni un insulto. Es una pista sobre el objeto. Las personas anticipan, imitan, se equivocan y cambian de idea cuando conocen la regla. Un impuesto que ayer reducía una conducta puede dejar de hacerlo cuando todo el mundo aprende a rodearlo. El investigador no mira un gas que ignora estar siendo medido. Mira a gente que lee el periódico, discute en casa y a veces hace lo contrario de lo previsto precisamente porque lo previsto ya se dijo en voz alta.

Aun así hay método: pregunta acotada, supuestos a la vista, consecuencia y contraste con lo observado. Si la consecuencia no aparece, se revisa el supuesto o se abandona la hipótesis. Eso separa un argumento de una opinión con gráfico. No obliga a dos equipos a firmar el mismo informe. Sí permite señalar en qué supuesto se separaron.

Supuestos y el truco del «lo demás igual»

Un supuesto es una simplificación declarada. Decir que, para este ejercicio, quien compra solo mira el precio y la renta no es afirmar que en la vida real no mire el cuidado del producto o la costumbre. Es dejar fuera, a propósito, lo que ahora estorba la pregunta. El peligro no está en suponer. Está en olvidar que se supuso y en tratar la conclusión como si el mundo cupiera entero en la pizarra.

Ceteris paribus es la cláusula de «lo demás igual». Sirve para aislar un efecto: qué pasa con la cantidad de judía si sube su precio y no cambian la renta, el gusto ni el precio de la lenteja. Sin esa cláusula, todo se mueve a la vez y no sabes qué causó qué. Con ella, el resultado es condicional. El día en que la helada y la renta cambian juntas, el modelo de un solo efecto no basta y hay que decirlo, no esconderlo.

Por qué cuestan las leyes generales

Una ley general, del tipo «siempre que A, entonces B», pide casos comparables. En la vida económica los casos vienen mezclados. La helada, la renta, una norma nueva y el humor del sábado ocurren el mismo fin de semana. No se puede repetir el sábado cambiando solo una pieza, como se repite un experimento de física, y hay límites éticos obvios: nadie acepta empobrecer a un grupo para ver qué pasa. A veces se aprovechan cambios que ya ocurrieron —una norma que entra en una provincia y no en la de al lado— pero esas comparaciones nunca son limpias del todo.

Además, la gente reacciona a la propia regla: si se anuncia una subida, muchos compran antes y el anuncio ya cambió el fenómeno. Las regularidades suelen ser tendencias con excepciones, no decretos sobre cada persona.

Un modelo como mapa reducido de una realidad más llena Realidad: muchas causas Modelo pocas variables supuestos a la vista consecuencia condicional
El mapa no es el terreno. Omite a propósito. Falla cuando omite justo el camino que necesitabas.

Modelizar es elegir qué omitir

Un modelo es una representación pequeña que conserva las relaciones que te importan para una pregunta y tira el resto. La frontera de posibilidades, el cruce de oferta y demanda y el flujo de dos polos son modelos. Funcionan como un mapa de transporte: no dibuja cada árbol y, precisamente por eso, encuentras el transbordo. Si el mapa olvida el río, te caes al agua con el plano en la mano. Criticar un modelo por ser simple es fácil y a menudo injusto. Criticarlo por omitir lo decisivo para esa pregunta es el trabajo de esta asignatura.

Ejemplo

En un instituto imaginario de Castilla y León se discute si alargar el recreo mejoraría las notas de la última hora. Alguien propone un modelo: lo demás igual, más minutos de descanso y más atención. El modelo obliga a declarar lo que deja fuera: quizá se come tiempo de clase, quizá quien no come en el centro usa esos minutos en otra cosa, quizá el efecto dura una semana. Si el claustro trata el dibujo como una promesa, el modelo ya no es una herramienta. Es un eslogan con flechas.

Qué no puede prometer

No puede prometer la cifra del año que viene como si fuera la órbita de un planeta. Puede ofrecer escenarios: si se mantiene esto y cambia aquello, la dirección esperable es esta, con un margen de sorpresa. No puede prometer que una política sea la correcta solo porque un modelo la favorece. Entre el resultado y la decisión hay una pregunta normativa: qué importa más, a quién se carga el coste, qué riesgo se acepta. Tampoco puede prometer que un gráfico limpio haya disuelto el conflicto. La claridad del dibujo a veces esconde el supuesto más discutible.

Conviene separar frase positiva y frase normativa. «Si sube el precio de la judía, en este modelo baja la cantidad demandada» describe una consecuencia. «Ese precio debería bajarse para que todo el mundo coma judía» prescribe un fin. Las dos pueden discutirse, pero no con las mismas razones. La primera se contrasta. La segunda se argumenta con valores. Mezclarlas es el atajo más frecuente: presentar un deseo como si fuera un resultado, o un resultado como si cerrara el deseo. La economía, bien usada, deja las dos frases a la vista y no finge que el método elige por ti la vida buena.

Individualismo metodológico y la unidad que es el grupo

El individualismo metodológico es una manera de explicar el hecho social: se parte de decisiones de personas. Alguien compara costes, espera una ganancia o un reproche, y actúa. El hecho que se ve desde fuera —una calle cerrada, una fila, un precio que nadie discute— se reconstruye como resultado de esas decisiones, no como un ser que quiere cosas por su cuenta. No dice que las personas sean egoístas. Dice dónde busca la explicación el análisis económico cuando trabaja así: en el que elige, con la información y los límites que tenga.

La perspectiva sociológica que este apartado contrapone cambia la unidad. La unidad es el grupo, la norma, la clase: un modo de hacer que ya está ahí antes de que esta persona concrete su cálculo, y que no se entiende bien si se desarma del todo en motivos sueltos. La norma obliga, clasifica oficios, reparte vergüenza y prestigio. Preguntar solo «qué le conviene a cada cual» puede dejar fuera el hecho de que el grupo castiga a quien se sale, aunque el cálculo de una tarde dijera otra cosa. Las dos perspectivas no son dos asignaturas enemigas. Preguntan distinto, y por eso pueden llegar a relatos que no se pisan.

Ejemplo de clase

Las tiendas de un pueblo imaginario cierran el domingo. Una lectura entra por los costes de cada tendero. Abrir ese día obliga a pagar una hora, a encender el horno o a estar detrás del mostrador, y el género que se vendería no cubre ese coste. Cada quien, por su cuenta, prefiere cerrar. El domingo cerrado es entonces la suma de decisiones individuales. Otra lectura entra por el grupo. Hay una norma del gremio, dicha o no dicha: el domingo no se abre, y nadie quiere ser el primero en romperla, porque el primero queda como quien rompe el descanso de los demás y se expone al reproche. Aunque a un tendero le saliera la cuenta de abrir, la norma lo frena.

Las dos pueden ser verdad a la vez. Puede que el domingo no cubra costes y, además, que el gremio vigile. El individualismo metodológico pregunta qué decide cada tendero cuando mira su coste y el reproche que espera. La perspectiva del grupo pregunta qué hace la norma, quién la sostiene y qué le pasa a quien la rompe, aunque su coste de esa tarde fuera favorable. Exigir que solo una sea la explicación verdadera es cambiar una herramienta por un partido. El análisis económico, usado con esta disciplina, no niega el grupo: lo traduce a lo que las personas esperan del grupo. La perspectiva sociológica se niega a dar esa traducción por suficiente. Saber cuál de las dos estás usando evita discutir un cierre dominical como si fuera un misterio o como si fuera solo una suma de tickets.

1. ¿Para qué sirve, en esta lección, la cláusula ceteris paribus?

Porqué. La c es correcta porque la cláusula hace condicional el resultado: vale si lo demás no se mueve. La a confunde el recurso del modelo con una descripción del mundo. La b mezcla tipos de frase y además inventa una fuente. La d niega precisamente el límite de la cláusula.

2. ¿Por qué es más difícil una ley general en economía que en un experimento de laboratorio clásico?

Porqué. La a es correcta: no hay repetición limpia y el objeto de estudio cambia al conocer la hipótesis. La b es falsa: la materia sí usa supuestos para poder deducir. La c invierte la idea de modelo, que omite a propósito. La d borra una distinción que la lección pide mantener.

3. El modelo del recreo en el instituto imaginario falla como herramienta cuando:

Porqué. La d es correcta porque el fallo no es simplificar, sino olvidar la simplificación y vender el esquema como resultado seguro. La a exige un mapa completo, que ya no sería útil. La b y la c describen un uso sano del modelo: declarar lo omitido y aislar un efecto.

4. Las tiendas de un pueblo imaginario cierran el domingo. ¿Qué dice la lección del individualismo metodológico y de la perspectiva del grupo?

Porqué. La a es correcta porque el individualismo metodológico reconstruye el hecho desde decisiones de personas y la perspectiva sociológica mantiene el grupo y la norma como unidad, y el ejemplo no obliga a tirar una de las dos. La b niega la norma justo cuando el texto dice que puede frenar aunque la cuenta de una tarde saliera. La c borra la decisión personal, que la primera lectura necesita. La d cambia de escala y usa el PIB para un horario de tiendas, que no es lo que esa cuenta mide.

Escribe en esta lección

Un modelo pequeño, con lo que omite

Elige una pregunta de la vida del instituto o del barrio, en unas 160 palabras. Escribe un modelo de tres o cuatro frases con un ceteris paribus explícito. Después lista dos cosas que el modelo deja fuera y di si alguna podría cambiar el signo de la conclusión. Cierra con una frase que el modelo no puede prometer. No hace falta ningún dato real: si usas números, márcalos como ejemplo de clase.

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