Lección 23 · Economía · 1º Bachillerato

No sube «todo»: sube la cesta

Castilla y León · Decreto 40/2022 · inflación, perdedores y ganadores, y el tipo de interés en palabras

Qué vas a aprender

La inflación es una subida sostenida del nivel general de precios, no el enfado por un producto concreto. Se aproxima con un índice de precios al consumo: el coste de una cesta fija comparado con el coste de esa misma cesta en un periodo base. Calcularás una cesta de tres bienes con cifras de aula, verás quién gana y quién pierde cuando los precios suben y los contratos no, y situarás el objetivo del Banco Central Europeo, una inflación del 2 % a medio plazo. Después, en palabras y sin receta de mercado financiero, qué se pretende cuando se suben los tipos de interés. Ningún porcentaje de este texto, salvo ese objetivo del 2 %, es una inflación oficial de ningún año. La cesta es un ejemplo de clase.

Qué mide el índice, y qué no

Un precio es un bien. El nivel de precios es un resumen de muchos. Para resumir sin cambiar de conversación cada mes, se fija una cesta: cantidades que representan lo que un hogar tipo compra, y se deja quieta mientras se miran los precios. El coste de la cesta en el periodo base se iguala a 100, o se deja en euros de aula. El coste de las mismas cantidades a los precios nuevos es el otro número. La inflación de ese tramo es la variación del coste de la cesta, no la media ingenua de los porcentajes de cada bien si las cantidades pesan distinto, y no la subida del bien que más ha dado que hablar.

Si la cesta no se fijara, no sabríamos si gastamos más porque la vida está más cara o porque hemos pasado a comprar otra cosa. Por eso las cantidades no se actualizan cada mes. El defecto simétrico es que la cesta envejece: aparecen bienes nuevos, cambian las calidades y el hogar sustituye lo que se ha puesto caro. Un índice de cesta fija puede exagerar el coste de vivir cuando la sustitución es fácil. El aula no corrige ese sesgo con otra fórmula. Le basta saber que el índice es una convención útil, no la experiencia de cada hogar. Quien no compra el bien que más sube no vive la misma inflación que quien lo compra cada día.

Tampoco es inflación un salto de un precio relativo. Si el pan sube y el aceite baja en la misma cesta, el hogar ha sufrido un cambio de precios relativos aunque el índice no se mueva. Ese cambio importa, y no se llama inflación. Inflación es el empuje común, el que deja menos margen para esquivar subiendo a otro bien. Y hace falta que sea sostenido. Un mes raro de heladas no es, por sí solo, el proceso que preocupa al banco central, aunque duela en la compra de esa semana.

Ejemplo de clase: tres bienes

Ejemplo de clase

La cesta de aula, pensada para un hogar de una ciudad de Castilla y León y no tomada de ninguna encuesta, contiene cada mes 10 barras de pan, 5 litros de leche y 1 bono de autobús. En el periodo base el pan cuesta 1 euro, la leche 2 euros el litro y el bono 20 euros. Coste del periodo base:
10 × 1 = 10
5 × 2 = 10
10 + 10 + 20 = 40 euros
En el periodo siguiente el pan pasa a 1,20, la leche sigue a 2 y el bono pasa a 22.
10 × 1,20 = 12
5 × 2 = 10
12 + 10 + 22 = 44 euros

El índice, si el base es 100:
(44 / 40) × 100 = 110
La inflación de la cesta:
44 − 40 = 4
4 / 40 = 0,10 = 10 %
Ese 10 % es del ejemplo. No es la inflación de ningún año real. Fíjate en lo que no coincide con el 10 %.
(1,20 − 1) / 1 = 0,20 = 20 % en el pan
La leche, un 0 %.
(22 − 20) / 20 = 0,10 = 10 % en el bono
El índice no es «lo que ha hecho el pan» ni la media de 20, 0 y 10 sin ponderar:
(20 + 0 + 10) / 3 = 10
Sale 10 solo por casualidad aritmética distinta. Ponderado por el gasto, el pan pesa 10 euros de los 40, la leche otros 10 y el bono 20. El bono arrastra más que la leche. Quien no coge el autobús y sí compra pan vive otra cesta, y tiene derecho a decir que su compra no ha subido un 10 %, sin que el índice esté «mintiendo»: está midiendo otra cosa, la cesta fijada, no su casa.

Si al mes siguiente todos los precios de esta cesta bajaran a los del base, el índice volvería a 100. Una bajada sostenida y general sería deflación, el proceso contrario. No la confundas con unas rebajas de un bien. Y no la celebres sin mirar por qué ocurre: a veces los precios bajan porque nadie compra, las empresas recortan y el empleo se resiente. El índice solo dice el coste de la cesta. La causa hay que buscarla en la demanda agregada, en los costes o en las expectativas, que es donde ya se separaron los desplazamientos.

Gasto de la cesta: 40 frente a 44 Dos grupos de tres barras. Antes, el gasto es 10 de pan, 10 de leche y 20 de bono, total 40. Después, 12, 10 y 22, total 44. La barra de la leche no crece. Ejemplo de clase. Antes Después pan leche bono pan leche bono 40 44
Las cantidades no cambian. Cambia el precio del pan y el del bono. La leche enseña que un índice puede subir aunque un bien de la cesta se quede quieto.

Quién gana y quién pierde

Si todos los precios y todos los ingresos subieran a la vez, en la misma proporción y sin sorpresa, la inflación sería un cambio de etiqueta. Casi nunca ocurre así. Pierde quien cobra una cantidad fija en euros mientras la cesta se encarece: un salario que no se revisa, una pensión no actualizada, un ahorro en una cuenta que rinde menos que el 10 % del ejemplo. Gana, en términos de lo que debe, quien tiene una deuda pactada en euros fijos: devuelve euros que compran menos cesta que los que recibió. Pierde el acreedor de ese contrato. El reparto no es un premio al mérito. Es un efecto de haber firmado en euros nominales y de que el índice se haya movido después.

La sorpresa importa. Si todo el mundo espera el 10 % de aula y los contratos se escriben contándolo, el salario pedido y el interés pactado ya lo llevan dentro, y el daño arbitrario es menor. Si el 10 % llega sin estar en el contrato, el reparto se tuerce hacia quien debe y hacia quien puede subir su precio pronto, y en contra de quien cobra tarde. Por eso la inflación inesperada rompe más que la prevista, y por eso las expectativas son parte del proceso y no un comentario. Quien cree que los precios seguirán subiendo pide más, y ese pedir puede empujar los precios. El índice deja de ser solo un resultado y pasa a ser también una causa del siguiente índice.

Hay pérdidas que no son de bolsillo inmediato. Con inflación alta, comparar precios cuesta más, porque las etiquetas se mueven y el precio relativo se esconde. Se acortan los contratos. Se huye del dinero hacia cosas que se cree que conservarán valor, a veces con prisa y sin mirar el uso. Y se discute peor: cada cual cita el bien que más le ha subido y niega el índice, o cita el índice y niega la leche que no se ha movido. Las dos citas pueden ser verdad a la vez, como en la cesta de 40 a 44.

El objetivo del 2 %

El Banco Central Europeo tiene como objetivo una inflación del 2 % a medio plazo, medida para el conjunto de la zona del euro. No es un techo que no se pueda tocar ni un mes, ni una promesa sobre tu cesta de pan y bono. Es una referencia compartida. Esta lección puede usarla porque es un objetivo anunciado, no una medición de un año concreto. No diremos si en tal fecha se cumplió. Diremos para qué se elige un número bajo y positivo, en el razonamiento estándar.

Un objetivo del cero parece más limpio y se evita por dos razones de palabras. La primera: los índices miden con holgura, y un cero medido puede esconder ya caídas de precios. La segunda: la deflación, si se instala, anima a esperar para comprar y hace más pesadas las deudas en euros, porque la cesta baja y la cuota del préstamo no. Un 2 % deja un colchón. Un número alto, como el 10 % de la cesta de aula si se volviera costumbre, erosiona a quien no puede actualizar y vuelve arbitrario el reparto entre deudores y acreedores. El 2 % es un juicio normativo de la institución, apoyado en ese razonamiento positivo. No es una ley de la naturaleza, y no lo convierte en verdad local el hecho de que tu bono haya subido exactamente un 10 % en un ejemplo.

Subir los tipos, en palabras

El tipo de interés es el precio de disponer de euros ahora a cambio de devolver más euros después. La política monetaria de la zona, a vista ya un poco más cerca, mueve los tipos a los que la banca se relaciona con el banco central. Esa condición se transmite, incompleta y con meses de retraso, a préstamos, hipotecas y depósitos. Subir tipos encarece el crédito nuevo y remunera algo más el ahorro en euros. Parte del gasto que dependía de pedir prestado se aplaza: una reforma, una máquina, a veces una vivienda. La demanda agregada se enfría. Si el empuje de los precios venía de una demanda fuerte, enfriar esa demanda quita presión al índice. No baja la etiqueta del pan el martes siguiente. Frena, si funciona, el ritmo al que la cesta sigue encareciéndose.

El coste de ese freno hay que decirlo. Enfriar la demanda puede enfriar también la producción y el empleo de corto plazo, sobre todo si el golpe de precios venía de los costes, una energía o una cosecha, y no de un exceso de gasto. En ese caso la subida de tipos no abarata la energía. Solo contiene el segundo round, el de salarios y precios que se persiguen, a cambio de menos actividad. Por eso «subir tipos contra la inflación» no es una frase completa. Falta decir qué desplazamiento había detrás y quién paga el enfriamiento. La herramienta es de la zona del euro, no de un ayuntamiento, y su perímetro es el conjunto de la demanda, no una cesta particular.

Bajar tipos hace el camino contrario: crédito más barato, ahorro remunerado peor, más animación del gasto, más presión de demanda sobre los precios si la economía ya iba justa de capacidad. No es un regalo sin letra pequeña. Es el otro lado de la misma palanca. Y ninguna de las dos direcciones sustituye a una política fiscal ni a una norma sobre un mercado concreto. Mueven el crédito. El resto del mapa sigue en su sitio.

Errores de lectura

El primero es llamar inflación a la subida del pan. En el ejemplo el pan sube un 20 % y la cesta un 10. El segundo es cambiar las cantidades a media comparación y seguir llamándolo el mismo índice. El tercero es creer que todo el mundo pierde. Quien debe euros fijos puede ganar en cesta, y eso no lo vuelve un villano: lo vuelve la otra cara del acreedor. El cuarto es citar el 10 % de la cesta como inflación oficial, o citar el objetivo del 2 % como si fuera el resultado de un año. El quinto es esperar que una subida de tipos abarate el pan esta semana, o pedirla para un solo mercado local. El sexto es olvidar el empleo de corto plazo cuando se celebra el freno. El índice no mide ese empleo. La decisión monetaria tampoco puede ignorarlo.

1. En la cesta de aula, el coste pasa de 40 a 44 euros y el pan pasa de 1 a 1,20. ¿Qué afirmación es correcta?

Porqué. La c calcula 4 sobre 40 y conserva la etiqueta de ejemplo. La a toma el bien más llamativo por el índice. La b exige que suban todos los precios; con la leche quieta la cesta aun así pasa de 40 a 44. La d invierte el sentido y el tamaño: 44 es más que 40, y el índice de aula va de 100 a 110.

2. Si la inflación de la cesta no estaba prevista en los contratos, ¿quién sale perdiendo en el argumento de la lección?

Porqué. La a junta al perceptor de renta fija y al acreedor. La b invierte al deudor: su cuota en euros no crece con el índice en un contrato fijo, y por eso la cesta que supone esa cuota se aligera. La c elige el bien que no ha cambiado y además lo trata como el foco de la pérdida. La d usa el objetivo del 2 % para negar un reparto que ocurre precisamente cuando la inflación realizada, aquí la de aula, no estaba en el contrato.

3. El objetivo de inflación del Banco Central Europeo que esta lección sí puede citar, ¿cuál es y qué no es?

Porqué. La d separa objetivo, medición anual y cesta particular. La a promociona el ejemplo a objetivo institucional. La b elige el cero que el texto evita, por la holgura de los índices y por el riesgo de deflación. La c mezcla un tipo impositivo con un objetivo de precios, que no tienen nada que ver en la lección.

4. Subir los tipos de interés, en palabras, ¿qué hace y qué no hace?

Porqué. La b recoge transmisión, demanda, rezago y coste en actividad. La a promete un efecto local e inmediato que el texto niega. La c le da a la política monetaria las otras dos cajas del mapa. La d confunde una subida de tipos con una subida del objetivo, y además en el sentido contrario: la herramienta se usa, cuando la inflación aprieta, para contenerla, no para añadirle un 2 %.

Escribe en esta lección

Tu cesta de tres

Inventa tres bienes con cantidades fijas y dos columnas de precios, todas de ejemplo de clase. Calcula el coste antes y después y la variación en porcentaje. Señala un bien que no haya subido lo mismo que la cesta. Nombra un ganador y un perdedor si esa subida no estaba en los contratos. Cierra explicando, en palabras, qué se busca al subir los tipos y qué coste de actividad no se puede callar. No presentes tu porcentaje como una inflación oficial, y no atribuyas al objetivo del 2 % el resultado de tu cesta.

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