Lección 12 · Economía · 1º Bachillerato

No todos pueden poner el precio

Castilla y León · Decreto 40/2022 · competencia, oligopolio, monopolio y competencia monopolística

Qué vas a aprender

La oferta y la demanda del tema anterior describen un mercado. No dicen cuántos venden ni si el producto es igual en todos los puestos. Según eso cambia lo que una empresa puede hacer con el precio. Verás cuatro tipos de libro: competencia, oligopolio, monopolio y competencia monopolística. En cada uno la pregunta práctica es la misma: ¿la empresa toma el precio como un dato o tiene algún margen para fijarlo? Los ejemplos son genéricos: trigo, unas pocas operadoras, un solo abastecedor de agua y los bares de una calle. No son expedientes contra ninguna empresa con nombre.

Competencia

En el modelo de competencia hay muchos vendedores y muchos compradores, el producto es homogéneo y nadie controla una parte relevante del mercado. El trigo de una comarca, pensado como grano de una calidad parecida que se entrega en el mismo sitio, se parece a ese dibujo: el saco de una explotación no se distingue del saco de la de al lado por una marca que el comprador esté dispuesto a pagar aparte. Cada vendedor es precio-aceptante. Si intenta cobrar más que el precio del mercado, los compradores se van al vecino. Si cobra menos, regala margen sin necesidad, porque a ese precio podía vender el saco.

Eso no significa que el agricultor sea impotente en todo. Elige cuánto producir, con qué técnica y si le compensa entrar. No elige la tarifa del mercado como elige el menú un restaurante con firma. La curva de demanda a la que se enfrenta una empresa concreta es, en el modelo, horizontal al precio vigente: a ese precio puede vender las unidades que le caben en su coste; a un céntimo más, no vende. El mercado entero sigue teniendo una demanda con pendiente negativa. No mezcles las dos: una es la demanda del bien, la otra es la demanda que ve una empresa diminuta.

El límite del modelo es la homogeneidad. En cuanto el trigo se vende con origen, con un molino concreto o con una historia, ya no es el mismo bien a ojos del comprador. El tipo de mercado es una aproximación útil, no una etiqueta que se pega a toda la agricultura de Castilla y León. Tierra de Campos puede ilustrar el mecanismo del producto poco diferenciado. No demuestra que cada explotación real cumpla los supuestos al milímetro.

Competencia monopolística

Hay muchos vendedores, la entrada es relativamente fácil y, aun así, el producto no es idéntico. Cada uno tiene una clientela que lo prefiere un poco: por el sitio, el trato, la receta, el horario. Los bares de una misma calle en León encajan en el ejemplo de libro. Hay varios, puedes cambiarte al de al lado en dos minutos, y sin embargo no son intercambiables del todo. El café sabe distinto, la terraza da a otra esquina, en uno conoces a quien sirve.

Esa diferencia da un margen corto sobre el precio. El bar puede subir un poco y no perder a todo el mundo de golpe, porque algunos se quedan por la diferencia. No puede subir mucho: el de al lado es un sustituto cercano y la demanda de este bar, no la del café en abstracto, es bastante sensible. Puede hacer política de precio, a diferencia del vendedor de trigo del modelo competitivo, y esa política está vigilada por los vecinos, a diferencia de quien no tiene vecinos.

A largo plazo, si los bares de la calle ganan mucho, puede abrir otro. La entrada no borra la diferencia de producto. Erosiona el margen extraordinario. Por eso este tipo se parece a la competencia en el número y al monopolio en la pendiente de la demanda de cada local, una pendiente suave. El nombre, competencia monopolística, guarda las dos mitades. No significa que cada bar sea un monopolio de la ciudad.

Oligopolio

En un oligopolio hay pocos vendedores y cada uno es lo bastante grande como para que su decisión se note en los demás. No miran solo a la demanda anónima. Miran qué hará el rival, que es la situación de la matriz de dos por dos. Unas pocas operadoras de telefonía, tomadas como tipo y no como denuncia de una marca, sirven de ejemplo: el cliente compara un puñado de ofertas, no mil, y una bajada de tarifa de una se siente en las otras. Pueden competir con fuerza o pueden acomodarse. El modelo no elige solo el final. Dice que la interdependencia es el dato.

Qué puede hacer una empresa con el precio depende de lo que tema que hagan las otras. Si baja y las demás no siguen, captura clientes, como en la casilla en la que solo una papelería rebajaba. Si todas siguen, el precio del mercado cae y el margen se estrecha. Si sube sola, se queda vacía. Por eso a veces los precios del oligopolio se mueven a saltos y se vigilan, y a veces una empresa prefiere no tocar la tarifa y competir en permanencia, en cobertura o en el regalo. Esas otras dimensiones siguen siendo competencia. No son un adorno ajeno al precio: son lo que se usa cuando mover el precio desencadena al rival.

Pocos no significa dos, ni significa que se hayan puesto de acuerdo. Un acuerdo explícito para fijar precios es otra cosa, y en una economía mixta como la española está perseguido. El oligopolio como estructura puede existir con rivalidad dura. Conviene no usar la palabra como insulto sinónimo de «cobran mucho». Es una cuenta de vendedores relevantes y de reacciones cruzadas.

Monopolio

Hay monopolio cuando un solo vendedor abastece ese mercado y no existe un sustituto cercano al que la gente pueda pasarse. El ejemplo de libro es un solo abastecedor de agua por red en un municipio: duplicar las tuberías de toda la calle sería un coste enorme, y por eso a menudo hay una sola red. Quien la opera no tiene, dentro de ese servicio, un vecino que venda «la misma agua de grifo» al lado. Puede ser una empresa pública, un contrato o una cooperativa. El tipo de mercado mira cuántos venden, no el cartel de la puerta.

Ese abastecedor tiene poder de mercado: puede elegir un punto sobre la demanda, no un precio y además la cantidad que se le antoje. Si sube la tarifa, la cantidad que le compran baja, porque la demanda del agua, aunque sea poco sensible, no es vertical para cualquier subida. No es libre de la escasez ni de la curva. Es libre de la disciplina de un rival inmediato. Por eso, en una economía mixta, un caso así suele ir con reglas: cómo se fija la tarifa, qué calidad es obligatoria, quién vigila el corte. La regla no convierte el mercado en competencia. Reconoce que la competencia no está haciendo ese trabajo.

No llames monopolio a cualquier empresa grande, ni a quien simplemente lo hace bien y los clientes no se van. Si los clientes pueden irse y no se van, puede haber diferenciación o puede haber costes de cambio. Si no pueden irse porque no hay otro oferente del bien, estás más cerca del monopolio. Y no hace falta acusar a una compañía real para entender el gráfico. El abastecedor único del ejemplo es un tipo. El día que estudies un caso con nombre, los datos tendrán que ser de ese caso, no de esta lección.

Cuatro formas de mercado, no cuatro etiquetas iguales Competencia: muchos círculos pequeños iguales y el precio en el centro, como resultado. Monopolio: un círculo grande del que sale el precio, y puntos pequeños que compran. Oligopolio: tres círculos medianos con flechas entre ellos. Competencia monopolística: muchos oferentes pequeños de formas distintas. Competencia precio Monopolio precio pone el precio Oligopolio Competencia monopolística
Los cuatro tipos se ordenan por la disciplina que ejerce el rival, no por si la empresa es simpática.

Una calle, cuatro lecturas

Imagina, como ejemplo de clase, un pueblo de la provincia de Palencia. Los precios que siguen son inventados para ver el margen, no tarifas reales. En la cooperativa se entrega trigo que sale al mercado junto con el de muchas otras explotaciones. El precio de aula es 200 euros la tonelada: quien apunte 220 en la pizarra no vende el saco, y quien apunte 180 regala 20 euros por tonelada sin ganar un comprador nuevo. En la plaza hay cuatro bares. Tres tienen la caña a 2 euros y uno prueba 3: pierde parte de la terraza y no se vacía del todo, porque la sombra no es idéntica. Ese euro de margen no existe para el trigo. El servicio de telefonía lo prestan unas pocas operadoras que se observan las tarifas. El agua del grifo llega por una sola red municipal. Las cuatro situaciones pueden ocurrir el mismo sábado sin que el pueblo haya cambiado de sistema económico. Cambian el bien y el número de quien lo vende.

Por eso preguntar «¿España es competitiva?» a secas no tiene respuesta de este tema. España es una economía mixta, y dentro hay mercados que se parecen a cada casilla. Una panadería de barrio está más cerca de los bares que del trigo o del agua. Un examen que exija una sola etiqueta para toda la economía está mezclando el tipo de mercado con el sistema. Ya los separamos en lecciones distintas para poder usar los dos vocabularios sin pisarlos.

El precio, al final, es una libertad vigilada por la demanda y por los rivales que existan. En competencia, la vigilancia del rival es tan fina que la libertad de tarifa desaparece. En competencia monopolística queda un margen corto. En oligopolio la vigilancia es estratégica: tu precio es una jugada. En monopolio no hay rival próximo y queda la vigilancia de la curva, más la de la norma si la sociedad no quiere dejar sola a esa curva. Aprender los nombres es aprender quién falta en la mesa cuando el precio se decide.

1. En el modelo de competencia aplicado al trigo homogéneo, ¿qué puede hacer un vendedor con el precio?

Porqué. La a define al precio-aceptante cuando el producto no se distingue. La b confunde muchos compradores con poder del vendedor; los muchos vendedores son los que quitan ese poder. La c describe un acuerdo de pocos o la ausencia de rivales, no este modelo. La d es falsa: el precio existe y precisamente por eso cada uno lo toma.

2. ¿Qué rasgo separa la competencia monopolística de los bares de una calle y el monopolio del agua por una sola red?

Porqué. La c junta número de vendedores y sustituibilidad, que es el criterio de la lección. La a niega el precio de la caña. La b llama oligopolio a un caso que el texto usa como competencia monopolística: muchos locales y entrada relativamente fácil, no un puñado de gigantes interdependientes. La d vuelve al vocabulario de bienes libres; el agua de red tratada y cobrada es un bien económico.

3. En un oligopolio de operadoras, sin citar marcas, ¿por qué el precio de una depende de las otras?

Porqué. La d es la interdependencia, la misma lógica que la matriz de las papelerías. La a y la b describen competencia, donde precisamente nadie condiciona el precio de los otros. La c convierte el oligopolio en un monopolio regulado que fija una tarifa única; pueden existir reglas, pero no son la definición del tipo.

4. Un abastecedor único de agua sube la tarifa. ¿Qué no puede esperar, si la demanda tiene pendiente negativa?

Porqué. La b olvida la demanda: sin rival no se obtiene el derecho a ignorar la curva. La a es justo el movimiento a lo largo de esa demanda. La c recuerda la regulación posible, que la lección no niega. La d compara bien monopolio y competencia.

Escribe en esta lección

Cuatro mercados sin nombres propios

Elige cuatro situaciones que veas o imagines cerca, sin acusar a una empresa real. Asigna a cada una un tipo de esta lección y justifica con dos datos: cuántos venden y si el producto es sustituible. En cada caso di, en una frase, qué puede hacer el vendedor con el precio. Si dudas entre oligopolio y competencia monopolística, explica qué dato te falta. Unas 180 palabras.

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