Lección 07 · Economía · 1º Bachillerato
Lo que no consumes hoy es tiempo trasladado
Qué vas a aprender
Consumir es usar bienes para satisfacer necesidades ahora. Ahorrar es la parte de la renta que no se consume. Invertir, en el sentido de esta asignatura, es destinar recursos a bienes que servirán para producir después. No son sinónimos, aunque en casa se mezclen. Verás cómo se planifica ese reparto a lo largo del tiempo y harás un interés simple de ejemplo de clase: 1000 euros, dos años, 3 % anual.
Planificar el consumo
La renta de un mes y los deseos de un mes no coinciden solos. Planificar el consumo es decidir, antes de que el mes se llene de tickets, qué necesidades van primero y qué deseos pueden esperar. No es un sermón contra el gusto. Es reconocer escasez en el calendario: lo que gastas el día 3 no está el día 27, y lo que apartas el día 3 no alegra el día 3.
Un plan mínimo separa tres capas. La primera es el compromiso difícil de mover: vivienda, transporte al instituto, una medicina. La segunda es el consumo corriente que se puede ajustar: comida de más o de menos, ocio, ropa. La tercera es lo que se aparta a propósito. Si no separas capas, cualquier gasto parece urgente y el ahorro sale siempre perdedor, no porque sea imposible, sino porque no tenía un sitio en la lista.
Planificar también mira más de un mes. Hay gastos que no caben en la paga de una semana y sí caben si se reparten: un abrigo duradero, el viaje de estudios, la reparación de unas gafas. Tratarlos como sorpresa cada vez es una forma de no decidir. El plan puede fallar, y debe poder corregirse. Un plan que no se toca cuando cambia la renta es una fantasía con rayas. Un mes sin plan es una sucesión de márgenes que siempre elige lo más cercano.
Ahorro no es inversión
El ahorro es un residuo con sentido: renta menos consumo, en un periodo. Si entran 400 euros y consumes 350, ahorras 50. El ahorro puede quedarse en un billete en un cajón, en una cuenta o en un préstamo que haces a otra persona. Mientras no se haya convertido en un bien de producción, sigue siendo ahorro, capacidad de compra aplazada, no capital nuevo.
La inversión económica es la compra o producción de bienes de capital: un horno, una herramienta, una furgoneta de reparto, una ampliación del taller, existencias que permiten producir más adelante. También se llama inversión real para distinguirla del habla familiar. Cuando alguien dice «he invertido en un depósito», en el lenguaje de casa quiere decir que ha colocado un ahorro. En el lenguaje del curso, el depósito es ahorro canalizado. La inversión aparece si ese dinero, a través del banco o de otro circuito, financia un bien de capital, y ni siquiera entonces el ahorrador es el inversor. Son papeles distintos.
Puede haber ahorro sin inversión: billetes guardados que no financian ningún horno. Puede haber inversión sin ahorro de esa misma persona: el horno se compra con un préstamo y es otra familia, u otros ahorradores, quienes aplazaron consumo. Puede coincidir en el mismo sujeto: la panadera no se compra la mesa nueva del comedor y con esa renuncia paga la amasadora. Aun ahí conviene separar las dos palabras. El sacrificio de consumo es ahorro. La amasadora es inversión. Juntarlas impide ver que una sociedad puede ahorrar y malgastar el ahorro en nada productivo, o invertir mucho y apoyarse en ahorro ajeno.
Por qué existe el interés
Si prestas poder de compra, renuncias a usarlo tú. Quien lo recibe puede usarlo ahora. El interés es el pago por ese traslado en el tiempo y por el riesgo de no recuperar lo prestado. En el ejemplo de clase no abriremos el riesgo de impago: supondremos que te devuelven lo pactado. Tampoco es el interés de ningún banco con nombre. Es un 3 % anual puesto para que la cuenta se vea.
El interés simple calcula siempre sobre el capital inicial, no sobre los intereses ya generados. Cada año, si el tipo no cambia, el interés es el mismo. No se acumula dentro de la base. Eso lo diferencia del interés compuesto, que no toca hoy. La fórmula del simple cabe en una línea: interés igual a capital por tipo por tiempo. El tipo, si está en tanto por ciento, hay que pasarlo a tanto por uno antes de multiplicar. Tres por ciento es 0,03, no 3.
Ejemplo de clase: 1000 euros, dos años, 3 %
Ejemplo de clase
Una familia de Ávila aparta 1000 euros que no va a consumir. Los presta, en el ejemplo, durante dos años al 3 % anual de interés simple. Capital 1000. Tipo 0,03. Tiempo 2.
Interés total: 1000 por 0,03 por 2.
1000 × 0,03 = 30 euros de interés al año
30 × 2 = 60 euros de interés en los dos años
1000 + 60 = 1060 euros
Al devolver, recibe el capital más el interés: 1060 euros. Año por año se ve que la base no crece. Al acabar el primer año el interés devengado es 30 y la deuda, si se liquidara, sería 1030. Durante el segundo año el 3 % se aplica otra vez a 1000, no a 1030. Otros 30. No son 30,90.
1030 × 0,03 = 30,90 Si alguien obtiene 30,90 está componiendo sin decirlo, aplicando el 3 % a los 30 ya generados, y eso es otro contrato.
Esos 60 euros son el premio de ejemplo por no haber consumido los 1000 durante dos años. No son una ganancia caída del cielo: son la otra cara de la renuncia. Si la familia hubiera gastado los 1000 en una cena y muebles el primer mes, no habría 1060 al final, y tampoco habría quedado el capital. El plan de consumo consiste en decidir si lo que esos 1000 harían hoy vale más o menos que 1060 dentro de dos años, en los términos del ejemplo.
Conviene un aviso y no una estadística. El Banco Central Europeo tiene un objetivo de inflación del 2 % en el medio plazo. No es una promesa de que los precios vayan a subir exactamente eso, ni un dato del coste de la vida en Ávila. Sirve solo como referencia de clase: un interés nominal del 3 % está un punto por encima de ese objetivo.
3 − 2 = 1
Si los precios crecieran de verdad al 2 %, el poder de compra de lo prestado no crecería el 3 % entero. Restar 3 menos 2 es una aproximación de corredor para no confundir euros con capacidad de compra. No sustituye un índice de precios, y este curso no se inventa ese índice.
Cierra el ejemplo la distinción. Los 1000 apartados son ahorro. Si quien los recibe compra una amasadora para una tahona, hay inversión, y el inversor es la tahona, no automáticamente la familia. Si quien los recibe se va de vacaciones, ha habido ahorro de unos y consumo de otros, no inversión. El mismo interés puede pagar las dos historias. El tipo no te dice en qué se usó el dinero.
Decisiones que el plan obliga a mirar
Primera: no llames inversión a dejar de comprar. Dejar de comprar es, como mucho, ahorro. Segunda: no llames ahorro a la compra del horno. Eso ya es uso del ahorro. Tercera: un bien duradero de consumo, como un abrigo que dura cuatro inviernos, no es capital salvo que sirva para producir. Aplaza consumo futuro de abrigos, y eso se parece al ahorro en el calendario, pero el abrigo se está usando. Cuarta: el interés simple no premia reinvertir los intereses, porque en este contrato los intereses no entran en la base. Si el relato dice que «el dinero trabaja solo y cada vez más deprisa», está contando el compuesto u otra historia.
En un obrador de verdad, en Soria o en Béjar, la decisión se parece al ejemplo aunque los euros no sean 1000. Posponer el arreglo del mostrador para comprar una artesa es elegir inversión frente a un consumo del negocio o frente a quedarse líquido. El coste de oportunidad de la artesa incluye lo que ese dinero haría en el uso alternativo, interés incluido si prestarlo era la mejor opción. El 3 % del ejercicio sirve de vara de clase. No es la vara del banco de la esquina, que aquí no citamos.
Planificar, al final, es aceptar que el futuro también escasea. Quien consume todo hoy vota solo por el presente. Quien ahorra todo y no llega a ningún capital ni a ningún consumo futuro sensato ha aplazado sin destino. Entre medias está el oficio de esta lección: ponerle sitio en el mes a cada capa, llamar a cada euro por su función y, si hay un interés, calcularlo sobre la base que el contrato dice, no sobre la base que haría la cuenta más lucida.
Escribe en esta lección
Un plan de tres capas y un interés
Reparte una renta mensual inventada de ejemplo de clase, con números redondos, en compromisos, consumo ajustable y ahorro. Después calcula el interés simple de tu cifra de ahorro prestada dos años a un tipo que elijas y declares inventado; muestra la multiplicación. Di si ese ahorro, en tu historia, acaba en inversión real o no, y quién sería el inversor. No atribuyas el tipo a un banco real.